Lanzamiento de las Obras Escogidas de León Trotsky del CEIP en coedición con la Casa Museo “León Trotsky”

 

Domingo 29 de abril, Feria del Libro de Buenos Aires

Entrevista a Andrea Robles y Gabriela Liszt (CEIP) y a Julio Rovelli (Ediciones IPS)

¿Por qué se propusieron publicar las Obras Escogidas de León Trotsky?

AR: Confluyeron varias cuestiones. Una de ellas es la actualidad que adopta su legado en momentos en que la crisis económica mundial plantea la necesidad de una alternativa al capitalismo. Porque brinda herramientas ineludibles para comprender el presente y prepararse para enfrentar a un sistema que no puede dar ninguna salida progresiva a la humanidad. Nuevas generaciones despiertan a la vida política y nosotros, que conformamos un centro militante, nos proponemos facilitar el acceso a esas herramientas. Muchas de sus obras no existen hoy en el mercado editorial ya que en su mayoría fueron publicaciones de los años ’70 (o anteriores). La otra cuestión está vinculada a la experiencia del CEIP “León Trotsky”, fundado en un momento de triunfalismo del “pensamiento único” neoliberal por nuestro partido, el PTS, y nuestra corriente internacional, para mantener vivas las conquistas teóricas y políticas de nuestra tradición con estudios, investigaciones y publicaciones. Esa experiencia es la base que nos permite planear esta nueva escala y asumir esta nueva responsabilidad. Por último, está el apoyo de intelectuales, investigadores trotskistas o de personalidades como la del nieto de Trotsky, Esteban Volkov, que es para nosotros un importante respaldo, y es quien nos recomendó al director de la Casa Museo…

Nos decían que se concretó la coedición de toda la colección con la Casa Museo León Trotsky…

AR: Sí, estamos muy contentos. Nuestros compañeros de la LTS de México lo acordaron con el director del Museo, el profesor José Antonio González de León. Además del aval a la labor del CEIP, nos ayudará en nuestro objetivo de traspasar con esta colección las fronteras de nuestro país y, en lo posible, llegar a todos los países de habla hispana. En general creemos que hay “terreno fértil” para este gran desafío: intelectuales que ven a Trotsky como una referencia o que simpatizan con sus ideas, otros que también revaloran muchos de sus trabajos; hay una nueva generación de militantes que la aprovechará para conocer o profundizar el estudio de su obra. De ello, seguramente surgirán opiniones y debates, ampliando su influencia. Nosotros vamos a alentar a que eso ocurra. Pensá que vamos a publicar más de veinte títulos, mejorados y ampliados con textos inéditos en castellano.

¿Por qué el primer tomo de la colección es Stalin, el gran organizador de derrotas?

GL: El libro, compilado por Trotsky, contiene los documentos que, ya desde su exilio en Alma Ata, escribió para el VI Congreso de la Internacional Comunista de 1928 y su balance posterior. Trotsky polemiza fuertemente con el documento presentado por Bujarin (dirigente del ala derecha del Partido Comunista de la URSS y en ese momento aliado de Stalin, quien luego lo ejecutaría). Aunque Trotsky comenzó su lucha contra la burocracia en 1923, ésta avanzó luego de la derrota de la revolución alemana de ese mismo año y por el aislamiento de la economía soviética. La URSS dependía del triunfo de la revolución en países avanzados como Alemania para poder proseguir el camino al socialismo. Trotsky ataca el eje central del documento: su negación a admitir la derrota de la política de la IC en Alemania, subestimando su importancia y la nueva teoría de Stalin, la “teoría del socialismo en un solo país”, que consideraba que la URSS podría llegar sola al socialismo, sin la revolución mundial. Trotsky demuestra que esta teoría está completamente alejada del marxismo, ya que negaba que el capitalismo es un sistema mundial dividido en clases sociales contrapuestas y que la única forma de superarlo era a través de que los trabajadores, llevando tras de sí a todos los sectores oprimidos, tomaran el poder en los países de economías más desarrolladas. Demuestra cómo frente a los últimos acontecimientos internacionales más importantes, posteriores al anterior Congreso (1924) y sin la presencia de Lenin, como la revolución alemana, la huelga general inglesa de 1926 y la revolución china de 1925-27, la Internacional Comunista había actuado en función de defender los intereses de Stalin y su camarilla. En la primera negándose a dirigirla, en el segundo caso conciliando con el imperialismo inglés, y en la tercera, conciliando con la burguesía nacional y con actos putchistas desesperados, impidiendo de este modo el desarrollo de la revolución socialista internacional. Para Trotsky era necesario “enderezar a la Internacional”, reemplazando a su máxima dirección, ya que el Estado obrero conquistado se encontraba frente a la disyuntiva de avanzar hacia el socialismo a través de la revolución internacional o de ser derrotado por el imperialismo, subordinándolo al capitalismo. Este libro tiene la importancia de ser uno de los textos fundacionales de la Oposición de Izquierda Internacional, la futura IV Internacional.

¿Qué tiene de novedoso esta edición?

GL: Para esta edición cotejamos una versión en castellano con la primera versión que autorizó Trotsky, la francesa de 1930. A la edición en castellano le agregamos tres artículos traducidos del francés: una declaración de los oposicionistas, “La crisis de la Internacional”, escrita por Trotsky el mismo día que los otros documentos al Congreso, donde solicitan su inmediata reincorporación al partido; un prefacio a una edición alemana de “¿Quién dirige hoy la Internacional Comunista?”; y un apéndice que forma parte de la edición francesa, “¿Socialismo en un solo país?”. Y junto a las palabras preliminares de Esteban Volkov, hemos realizado una nueva presentación, agregamos nuevas notas al pie (junto a la traducción de las francesas) y biográficas.

¿Qué relación tiene esta colección con las Ediciones del IPS?

JR: Desde el 2006, Ediciones del IPS tiene el objetivo de ser un centro editorial especializado en marxismo, que abarque todo tipo de temáticas: históricas, teóricas, políticas, de género, incluso literarias. Contamos con un amplio catálogo que incluyen las publicaciones del CEIP “León Trotsky”, pero también de otros autores marxistas. Esta colección de Obras Escogidas será indudablemente un gran aporte editorial.

Su lanzamiento, lejos de ser un “negocio editorial”, tiene el objetivo de llegar a los que hoy militan por la revolución socialista, a los intelectuales marxistas y a los jóvenes que hoy despiertan a la vida política en búsqueda de una salida a la crisis actual.


Palabras preliminares de Esteban Volkov, nieto de León Trotsky (extractos)

Ciudad de México, marzo de 2012

La humanidad está entrando en un período de asombrosos avances científicos y tecnológicos, pero las estructuras ancladas en el pasado, basadas en la codicia y el parasitismo de un caótico y obsoleto capitalismo, rechazan toda innovación y progreso en el terreno socio-económico.

Más que nunca, el dilema es “barbarie o socialismo”: para salir de la barbarie del capitalismo, solo queda retomar el camino al socialismo. (…)

Para lograr estos objetivos, nada más valioso que el inmenso arsenal ideológico legado por el indomable revolucionario León Trotsky durante sus 43 años de lucha (…). Muerto Lenin, se enfrentó al inesperado surgimiento de un proceso contrarrevolucionario llevado a cabo por una voraz burocracia dirigida por José Stalin. Nadie como Trotsky analizó y desentrañó este nuevo acontecer histórico. Como protagonista de uno de los capítulos más trascendentes de la historia contemporánea, como fue la Revolución Rusa, (…) tuvo el mérito de haber transcrito minuciosamente, con gran precisión y certero análisis marxista, este trascendente capítulo de la historia. Gracias a ello nos deja un vasto y muy valioso arsenal revolucionario marxista imperecedero, de experiencias y armas ideológicas, para los revolucionarios presentes y futuros.

Una de las tareas que Trotsky consideraba primordial era la educación política de los revolucionarios. En este sentido, sólo me resta felicitar al Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones “León Trotsky” por continuar esta importantísima labor con el valioso trabajo editorial que están llevando a cabo con este nuevo emprendimiento, la publicación de las Obras Escogidas de León Trotsky, que comprende títulos tales como La revolución traicionada, 1905, Escritos sobre España, Mi vida, Historia de la Revolución Rusa, La lucha contra el fascismo y tantos otros escritos que son claves para la causa socialista. Un proyecto que aporta a retomar la experiencia de esta generación de revolucionarios, sus enseñanzas y tradiciones, así como a plantear la actualidad que conservan para preparar un nuevo porvenir sin opresión.

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Esteban Volkov y Gabriela Liszt: Prólogos del primer tomo de las Obras Escogidas de León Trotsky

Esteban Volkov es nieto de Trotsky y dirige la Casa Museo León Trotsky de México
 
Gabriela Liszt es investigadora y miembro del Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones (CEIP) León Trotsky de Buenos Aires
 
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Stalin el gran organizador de derrotas

León Trotsky

332 páginas 
Abril 2012
Ediciones IPS/Museo Casa León Trotsky

PALABRAS PRELIMINARES

Esteban Volkov

Ciudad de México, marzo de 2012 

La humanidad está entrando en un período de asombrosos avances científicos y tecnológicos, pero las estructuras ancladas en el pasado, basadas en la codicia y el parasitismo de un caótico y obsoleto capitalismo, rechazan toda innovación y progreso en el terreno socio-económico.

Más que nunca, el dilema es “barbarie o socialismo”: para salir de la barbarie del capitalismo, solo queda retomar el camino al socialismo. Tras una interminable secuencia de mortíferas guerras imperialistas de expoliación de recursos, así como traiciones y derrotas de muchas revoluciones a manos de burocracias parasitarias, la humanidad por desgracia se está deslizando a paso veloz hacia la barbarie. Solo hay dos opciones: que los avances, como hasta ahora, sirvan para poder explotar cada vez más eficientemente a la gran mayoría de la humanidad, aumentando su miseria y sufrimiento, desperdiciando valiosos recursos no renovables, así como contaminando y destruyendo nuestra morada terrestre; o bien, hacer posible la aplicación de los avances científicos y tecnológicos al hasta ahora vedado terreno de la organización socio-económica de la sociedad para construir una estructura social justa, para que estos avances se utilicen en traer bienestar a toda la humanidad, así como para cuidar y conservar nuestro planeta, maravilloso oasis que nos ha tocado en suerte habitar en el cosmos.

Para lograr estos objetivos, nada más valioso que el inmenso arsenal ideológico legado por el indomable revolucionario León Trotsky durante sus 43 años de lucha, 42 de los cuales militó bajo las banderas del marxismo. Su experiencia fue invaluable: fue, junto con Lenin, un personaje clave en la preparación, realización y triunfo de la primera revolución socialista en la tierra, en Octubre de 1917 en Rusia. Muerto Lenin, se enfrentó al inesperado surgimiento de un proceso contrarrevolucionario llevado a cabo por una voraz burocracia dirigida por José Stalin. Nadie como Trotsky analizó y desentrañó este nuevo acontecer histórico. Como protagonista de uno de los capítulos más trascendentes de la historia contemporánea, como fue la Revolución Rusa, tuvo el privilegio de ser testigo de primer orden en dichos eventos, y tuvo el mérito de haber transcrito minuciosamente, con gran precisión y certero análisis marxista, este trascendente capítulo de la historia. Gracias a ello nos deja un vasto y muy valioso arsenal revolucionario marxista imperecedero, de experiencias y armas ideológicas, para los revolucionarios presentes y futuros.

Una de las tareas que Trotsky consideraba primordial era la educación política de los revolucionarios. En este sentido, solo me resta felicitar al Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones “León Trotsky” por continuar esta importantísima labor con el valioso trabajo editorial que están llevando a cabo con este nuevo emprendimiento, la publicación de las Obras escogidas de León Trotsky, que comprende títulos tales como La revolución traicionada, 1905, Escritos sobre España, Mi vida, Historia de la Revolución Rusa, La lucha contra el fascismo y tantos otros escritos que son claves para la causa socialista. Un proyecto que aporta a retomar la experiencia de esta generación de revolucionarios, sus enseñanzas y tradiciones, así como a plantear la actualidad que conservan para preparar un nuevo porvenir sin opresión.

PRESENTACIÓN

Gabriela Liszt 

Con este libro, comenzamos un nuevo proyecto de Ediciones IPS y el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones (CEIP) “León Trotsky”, con el apoyo de Esteban Volkov, nieto de León Trotsky y en coedición con el Instituto del Derecho de Asilo-Museo Casa de León Trotsky, A. C. de México, con el que nos proponemos publicar una serie de Obras escogidas de León Trotsky, teniendo en cuenta que muchas de ellas hace décadas que han dejado de ser editadas (como el presente libro) en lengua castellana y que todas ellas pueden ser mejoradas, dada la mayor existencia de centros y fuentes dedicados al trotskismo, sobre todo, desde la década de los ‘80, así como la calidad editorial y de su traducción.

No es casual que el presente libro sea el N.º 1 de esta colección (que abarcará alrededor de 30 títulos y no guardará una numeración cronológica), ya que se lo puede considerar como uno de los textos fundacionales de lo que será la futura IV Internacional. Las nuevas generaciones, no pueden comenzar desde cero. Las tradiciones y las lecciones revolucionarias dejadas por revolucionarios como Lenin, Trotsky o Rosa Luxemburgo en el siglo XX (atravesado por los más grandes procesos revolucionarios y contrarrevolucionarios) tienen que ser la base desde donde partir para pensar cómo conquistar socialismo futuro. Esperamos que esta colección cumpla con este objetivo.

                                                                                * * *

El siguiente libro fue publicado como tal bajo la autorización de Trotsky, por la editorial Rieder en Francia en 1930, y editado varias veces el mismo año. Ya desde el ‘29, grupos o militantes que se habían ligado a la Oposición por el conocimiento de estos textos los publicaron, muchas veces como folletos separados, en numerosos idiomas . 

La mayoría de estos documentos fueron escritos por Trotsky en su destierro, en Alma Ata, entre julio y octubre de 1928. Como aclara Trotsky en su prólogo de 1929, ya desde su exilio en Turquía, las dos primeras partes fueron dirigidas al VI Congreso de la Internacional Comunista (IC), y las dos últimas fueron posteriores a su realización. El documento más importante, la “Crítica al Proyecto de Programa” (la Parte 2 del presente libro), fue redactado en julio de 1928 y acompañado por una declaración donde Trotsky reclama el cese 

de las persecuciones, deportaciones y cárcel a los Oposicionistas (bolcheviques-leninistas) y su readmisión en el PCUS , al mismo tiempo que se niega a renunciar a su lucha (“Sólo funcionarios corruptos hasta la médula pueden exigir semejante abjuración –la renuncia a toda actividad política en general y, en especial, en la Internacional– de un revolucionario. Sólo renegados despreciables podían hacer semejantes promesas” ), para buscar el “enderezamiento” del curso centrista que había adoptado la Internacional, luego de la muerte de Lenin. A su vez, los oposicionistas exiliados mostraban una gran combatividad, organizando grandes huelgas en Kiev, y manifestaciones contra la represión en Ucrania y Georgia. 

La “Crítica al Proyecto de Programa”, que fue impresa y circuló inicialmente “por error” y luego clandestinamente durante el VI Congreso, permitió la formación de la Oposición de Izquierda Internacional, la futura IV Internacional. La Oposición china, entre otras, surgió luego de la lectura y discusiones de Chen Du-xiu y Peng Shu-tsé del “Balance y perspectivas de la revolución china” y “La cuestión china después del VI Congreso” . Su lectura también ganó para la Oposición al futuro dirigente del SWP norteamericano, James P. Cannon. Junto a los documentos y resoluciones de los cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista, estos textos constituyen para Trotsky el basamento y programa de la Oposición.

Recurrentemente a lo largo del libro Trotsky resalta cómo, en el “Proyecto de Programa de la IC” escrito por Bujarin, existen varias formulaciones teóricas y programáticas que en general y tomadas aisladamente podrían ser 

consideradas correctas. Sin embargo, al mismo tiempo, resalta cómo esas definiciones, al no estar al servicio de sacar las conclusiones fundamentales de los principales procesos de la lucha de clases a nivel mundial ocurridos desde el IV Congreso (1922), tras el cual habían transcurrido hechos importantísimos donde había participado la IC y sus secciones: la derrota de la revolución en Alemania de 1923, la traición del Comité anglo-ruso a la huelga general inglesa de 1926 y la derrota de Cantón en 1927 a manos del Kuomintang, y ligadas a una justa orientación, dieron lugar a un eclecticismo teórico y a un desbarranque en el plano de la táctica y de la estrategia.

La unión de las 4 partes fue realizada por Trotsky bajo el título de La III Internacional después de Lenin. Sin embargo, pasó a ser más reconocido como Stalin, el gran organizador de derrotas . 

Entre otros conceptos, Trotsky explicita la relación orgánica entre el desarrollo de la teoría del socialismo en un solo país (como expresión teórica de la reacción sobre la Revolución de Octubre, producto de su aislamiento) y el abandono, por parte del stalinismo, de los principios estratégicos forjados por el Partido Bolchevique en la Revolución Rusa y de la III Internacional en sus cuatro primeros Congresos: “La imposibilidad de construir una sociedad socialista aislada –no en utopía, en la Atlántida, sino en las condiciones concretas geográficas e históricas de nuestra economía terrestre– está determinada para diversos países, en grados diversos, tanto por la extensión insuficiente de ciertas ramas como por el desarrollo ‘excesivo’ de otras. De conjunto, esto significa justamente que las fuerzas de producción contemporáneas son incompatibles con las fronteras nacionales” (p. 121 de la presente edición).

A diferencia de la II Internacional (época de desarrollo relativamente pacífico del capital), la III fue fundada en una época de guerras, crisis y revoluciones, la época imperialista. Hasta la III Internacional el concepto de estrategia era prácticamente ajeno al marxismo. Se discutía en términos de táctica, no había diferenciación entre uno y otro concepto: “la labor estratégica se reducía a nada, se disolvía en el ‘movimiento’ cotidiano con sus consignas sacadas de la táctica cotidiana. Sólo la III Internacional restableció los derechos de la estrategia revolucionaria del comunismo, a la cual subordinó completamente los métodos tácticos” (p. 132 de la presente edición). Y luego agrega que, con Bujarin y Stalin, “El problema fundamental del programa, es decir, la estrategia del golpe de Estado revolucionario (las condiciones y los métodos que conducen a la insurrección, la insurrección propiamente dicha, la conquista del poder) es examinada secamente y con parsimonia [...]. Es decir, se consideran los grandes combates del proletariado sólo como acontecimientos objetivos, como expresión de ‘la crisis general del capitalismo’, y no como la experiencia estratégica del proletariado (p. 133 de la presente edición). Trotsky da una importancia fundamental a la estrategia, a la que entiende como algo que no es reductible a los objetivos y los fines que se establecen en el programa, al mismo tiempo que destaca la unidad inescindible entre ambos. Es decir, no alcanza con responder “qué pretendemos conquistar” sino también “cómo nos proponemos conquistarlo”, pregunta propia de la estrategia.

Como destaca, la falta de una estrategia revolucionaria y las tácticas en función de ésta, lleva a la adaptación a las distintas corrientes reformistas y centristas, no revolucionarias e incluso contrarrevolucionarias.

La toma del poder en un país sólo es una estrategia en la medida que conduce a la revolución mundial (concepción totalmente alejada de la caricatura de Bujarin, según la cual la “permanencia” de la revolución significaba que esta se podía dar en todo momento y lugar) y ésta a su vez, a la revolución internacional. Dice Trotsky: “El carácter revolucionario de la época no consiste en que permite, en todo momento, realizar la revolución, es decir, tomar el poder. Este carácter revolucionario está asegurado por profundas y bruscas oscilaciones, por cambios frecuentes y brutales. [...] Si no se comprende de una manera amplia, generalizada, dialéctica, que la actual es una época de cambios bruscos, no es posible educar verdaderamente a los jóvenes partidos, dirigir juiciosamente desde el punto de vista estratégico la lucha de clases, combinar legítimamente sus procedimientos tácticos ni, sobre todo, cambiar de armas brusca, resuelta, audazmente ante cada nueva situación” (pp. 135, 138 y 139 de la presente edición).

Ese objetivo está indisolublemente ligado a la autoorganización de las masas, como lo hicieron las masas rusas bajo la forma de soviets, organismos que no aparecen “por decreto”, como intentó el stalinismo en Cantón, luego de haberse negado durante años a impulsar su formación entre las masas: “En la acción, las masas deben sentir y comprender que el soviet es su organización, de ellas, que reagrupa sus fuerzas para la lucha, para la resistencia, para la autodefensa y para la ofensiva. No es en la acción de un día ni, en general, en una acción llevada a cabo de una sola vez como pueden sentir y comprender esto, sino a través de experiencias que adquieren durante semanas, meses, incluso años, con o sin discontinuidad” (p. 220 de la presente edición). 

Pero la autoorganización de las masas no es suficiente, ya que “El oportunismo, que vive consciente o inconscientemente bajo el yugo de la época pasada, se inclina siempre a subestimar el rol del factor subjetivo, es decir, la importancia del partido revolucionario y de la dirección revolucionaria. Esto se manifestó plenamente durante las discusiones sobre las lecciones del Octubre alemán, del Comité anglo-ruso y la Revolución china. En estas ocasiones, como en otras menos importantes, la tendencia oportunista intervino siguiendo una línea política que contaba demasiado directamente con las ‘masas’, negando los problemas de la ‘cima’ de la dirección revolucionaria. Desde un plano teórico general, este enfoque es erróneo y en la época imperialista aparece como fatal” (p. 137 de la presente edición).

Con la III Internacional burocratizada, Trotsky va a ser el único que encarará en profundidad el balance de los principales procesos de la lucha de clases enriqueciendo enormemente el acervo estratégico del marxismo.

Establece una relación compleja entre lo político y lo económico, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la crisis capitalista, los momentos de estabilización y el papel que cumplen en estos las derrotas de la clase obrera: “No hay situaciones absolutamente sin salida’ –dice Trotsky, siguiendo a Lenin–. La burguesía puede superar sus contradicciones más difíciles únicamente siguiendo la ruta abierta por las derrotas del proletariado y los errores de la dirección revolucionaria.

Pero lo contrario también es verdad. No habrá un nuevo ascenso del capitalismo mundial [...] si el proletariado sabe encontrar el medio de salir por el camino revolucionario del presente equilibrio inestable” (p. 125 de la presente edición). La revolución de 1923 y su derrota es una gran fuente de enseñanzas. Para Trotsky la dirección del partido alemán, luego de haber tenido una orientación ultraizquierdista en 1921, se volcó, tal como le recomendó el III Congreso de la IC, a la “lucha por las masas”; pero se había vuelto incapaz de deshacerse de la rutina y de esta forma la táctica terminó desplazando a la estrategia. Trotsky advierte sobre este peligro cuando plantea que “La lucha cotidiana para conquistar a las masas absorbe toda la atención, crea su propia rutina en la táctica e impide ver los problemas estratégicos que se deducen de los cambios en la situación objetiva” (p. 142 de la presente edición). 

A través del ejemplo del Comité anglo-ruso y de las relaciones con el Kuomintang chino, que terminaron en una derrota aplastante, Trotsky demuestra cómo la política de la IC es convertir acuerdos temporales o circunstanciales en alianzas estratégicas, aunque esto signifique incluso, la masacre de miles de comunistas chinos. La IC, como todo centrismo, sostenía una política de derecha llevando a grandes derrotas y luego, con una relación de fuerzas desfavorable, se lanzaba a aventuras ultraizquierdistas para cubrir las consecuencias de sus propios actos.

A partir del VI Congreso la IC comenzó su giro “ultraizquierdista”, el que llegó a su punto culminante cuando permitió el ascenso del fascismo en Alemania, por negarse a realizar un frente único con la socialdemocracia, a la que acusaba de “socialfascista”. Este curso seguirá hasta el VII Congreso de la IC, en 1935, cuando vota la aplicación en todos los países de la política de los “frentes populares”, frentes de colaboración de clases que llevaron a la derrota procesos revolucionarios como los de Francia y España (derrotas que allanaron el camino a la Segunda Guerra Mundial), para luego desembocar en la alianza con el nazismo en 1939, a través del pacto Hitler-Stalin. 

El derrotero de la teoría del socialismo en un solo país llegó a sus últimas consecuencias cuando Stalin, como demostración de su actitud conciliadora hacia los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, disuelve la Internacional en 1943 por carecer de “funcionalidad”. La renuncia a la revolución internacional por la burocracia stalinista fue lo que permitió que dos sistemas de por sí antagónicos (a pesar de las deformaciones burocráticas) pudieran coexistir durante tantos años. Inevitablemente, como planteó Trotsky, un sistema iba a terminar triunfando sobre el otro.

Por el contrario, Trotsky desarrollará y generalizará su teoría de la revolución permanente, plasmada en una polémica con Karl Radek alrededor de la política hacia la revolución china y el Kuomintang, que finaliza en sus 14 “Tesis fundamentales” . Aunque a través de esta polémica demostrará que el imperialismo ha dejado de lado la vieja distinción entre países maduros o inmaduros para la dictadura del proletariado, sean países avanzados como Alemania, imperios decadentes como Rusia o países atrasados como China, ya en la “Crítica al Proyecto de Programa”, adelanta esta generalización de su teoría: “Por sí misma, la tesis de la falta de madurez económica y cultural, tanto de China como de Rusia (evidentemente mayor todavía en China que en Rusia) no puede ser discutida. Pero no se puede deducir de esto que el proletariado deba renunciar a la conquista del poder, cuando esta es dictada por todas las condiciones históricas y por una situación revolucionaria en el país. 

La cuestión histórica concreta, política, se reduce a saber, no si China está económicamente madura para establecer su propio socialismo, sino más bien si, políticamente, está madura para la dictadura del proletariado. Estas dos cuestiones no son de ninguna manera idénticas. Lo serían si no existiese en el mundo una ley del desarrollo desigual. En el presente caso, esta ley, que se extiende enteramente a las relaciones mutuas entre la economía y la política, es perfectamente aplicable. ¿Está China, entonces, madura para la dictadura del proletariado? Sólo la experiencia de la lucha podrá decirlo de una forma indiscutible” (p. 223 de la presente edición).

Las “Tesis fundamentales” demostraron frente a cada nuevo fenómeno de la lucha de clases como el fascismo, la guerra civil española o los bonapartismos “sui generis”, la perspectiva de la revolución proletaria internacional. La IV Internacional se fundó en 1938, como continuación de la Oposición de Izquierda Internacional, preparándose para ser una alternativa a las direcciones que, como la socialdemocracia o el stalinismo, eran (y son) un obstáculo para la revolución internacional, para conducir al triunfo a los procesos revolucionarios que, seguramente, se desarrollarían, tanto en los países imperialistas como en las semicolonias, debido a los padecimientos de las masas durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque la IV Internacional no pudo dirigir estos procesos, consideramos que la aguda crisis del capitalismo mundial actualmente en curso pone de relieve, nuevamente, la necesidad de llevar adelante esta tarea.

                                                                                * * *

Esta obra fue realizada por un equipo de Ediciones IPS y el CEIP. La edición general estuvo a cargo de Gabriela Liszt, quien junto a Rossana Cortez tuvieron a su cargo las traducciones del francés. Demian Paredes y Valeria Foglia fueron los responsables de la corrección de estilo. Y Julio Patricio Rovelli de la producción editorial.

Agradecemos especialmente a Pablo Oprinari y a Bárbara Funes por sus gestiones para la coedición de las Obras escogidas de León Trotsky con el Instituto del Derecho de Asilo-Museo Casa de León Trotsky, A. C.

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[1] La presente edición está basada en traducciones castellanas pero ha sido cotejada y modificada según la edición original francesa. Julián Gorkin realizó una traducción al español en 1930.

[2]Los oposicionistas fueron expulsados del PCUS en el XV Congreso (1927).

[3] Ver “La crisis de la Internacional”, p. 23 de esta edición. Más adelante, en una carta del 16 de diciembre de 1928, frente al ultimátum de expulsión de la URSS, Trotsky cita esta parte de la declaración, agregando: “No tengo nada que quitar ni añadir a estas palabras” (León Trotsky,Mi Vida, Bs. As., Pluma, 1979, p. 444).

[4] Cf. Pierre Broué, Histoire de l’International communiste, París, Fayard, 1997, p. 570.

[5]Para esta edición, hemos agregado tres textos no incluidos en anteriores ediciones españolas. El primero, la declaración ya nombrada; el segundo, un “Prefacio a una edición alemana” como folleto de la Parte 4 (“¿Quién dirige hoy la Internacional Comunista?”), y un anexo: “¿Socialismo en un solo país?”. Las notas entre corchetes que dicen NdEF pertenecen a la edición francesa; las que dicen NdEE pertenecen a la edición española; las que dicen NdLT y LT, que tambien aparecen entre paréntesis son del autor. Las signadas con NdE pertenecen a esta edición.

 [6] Ver León Trotsky, La teoría de la revolución permanente (compilación), 3.º ed., Bs. As., Ediciones IPS, 2011, p. 239. 

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Lanzamiento de las Obras Escogidas de León Trotsky en la Feria del Libro

 
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 Presentación del primer tomo en la Feria del Libro 

Stalin el gran organizador de derrotas

León Trotsky

332 páginas 
Abril 2012
Ediciones IPS/Museo Casa León Trotsky

El 29/4 de abril en la Feria del libro, el CEIP “León Trotsky” presentará Stalin el gran organizador de derrotas, su más reciente publicación que contó con el apoyo de Esteban Volkov, nieto de León Trotsky, y se realizó en coedición con el Museo Casa de León Trotsky.  Este libro será el primero de una la colección de Obras Escogidas que serán publicadas por Ediciones IPS.

El CEIP “León Trotsky”planea publicar sus obras clásicas, como la conocida biografía Mi Vida o su Historia de la Revolución Rusa, La revolución traicionada, Escritos sobre España, La lucha contra el fascismo o sus textos sobre arte, cultura y vida cotidiana, así como también compilaciones temáticas, algunas ya publicadas por el CEIP, que incluyen textos inéditos y que en esta nueva serie serán ampliados, tratando de abarcar una buena parte de su vasto legado.

Este libro reúne los documentos que presentó la Oposición de Izquierda previa y posteriormente al VI Congreso de una Internacional Comunista ya burocratizada bajo la dirección de Stalin. Aunque no pudo ser discutido debido a la censura de la burocracia, logró llegar e impactar a varios militantes de diferentes países y, de este modo, a pesar de las persecuciones, deportaciones y cárceles que estaba sufriendo la Oposición, sentó las bases para la fundación de la Oposición de Izquierda Internacional.

Trotsky escribió estos documentos desde su destierro en Alma Ata, apenas acaecida la muerte de su hija Nina. Cuando pudo reunir toda la documentación ya sufría el exilio en Turquía. La burocracia, lejos de silenciar a la Oposición, no pudo impedir que Trotsky traspasara con sus críticas las fronteras, con relación tanto a la “teoría” de Stalin del “socialismo en un solo país” como a las lecciones de los acontecimientos principales del momento, como la huelga general inglesa de 1926 o la Revolución china de 1925-27, lecciones que le permitirían un año después generalizar para todos los países su teoría de la revolución permanente.

Con Stalin, el gran organizador de derrotas inauguramos y nos comprometemos en un nuevo proyecto editorial del CEIP “León Trotsky” y Ediciones IPS, que abarcará alrededor de 30 volúmenes de la obra de Trotsky, para reactualizar su legado para las nuevas (y “viejas”) generaciones.

PALABRAS PRELIMINARES / Esteban Volkov

PRESENTACIÓN / Gabriela Liszt

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Cuando el imperialismo es un asunto ajeno. Nuevamente sobre Razón y Revolución y Malvinas

Por Guillermo Crux

Hace algunos días debatíamos con Fabián Harari sobre Malvinas, a propósito del prólogo que escribió para un libro de Razón y Revolución sobre el tema. Cuando escribimos ese artículo, realmente nos costaba creer lo que estábamos leyendo. Los compañeros vienen ofuscados desde hace rato producto de su desorientación política, pero esa ofuscación parece que también ahora se está transformando en romper lisa y llanamente con el marxismo. Un nuevo artículo de Fabián Harari sobre Malvinas, publicado en el diario Tiempo Argentino, da oro paso más en esa dirección. Como ya respondimos in extenso sobre el tema, sólo vamos a agregar unas líneas.

 

El compañero toma dos ejes. En el primero, vuelve sobre la “cuestión nacional”. RyR vuelve a dejar en claro su novedad “teórica”, a saber, que el imperialismo no existe, con una sóla excepción muy puntual: “Por ejemplo, en este momento, Afganistán tiene una causa nacional muy concreta: el ejército estadounidense está ocupando dicho país y, por lo tanto, el conjunto de la vida social se ve alterada. Si Gran Bretaña invadiese Buenos Aires o alguna otra provincia, seguramente tendríamos una cuestión nacional a resolver.” ¿La única “alteración de la vida social” es una ocupación militar? Como ya dijimos antes, el siglo XIX se terminó hace rato, pero Harari sigue insistiendo en equiparar imperialismo con colonialismo. Dicho sea de paso, la ocupación militar de Afganistán tampoco es un caso típico de “colonialismo”, ya que este último suponía una serie de relaciones económicas, (precisamente, coloniales, esencialmente de exportación de materias primas) con la metrópoli que no se dan entre Afganistán y EE.UU, ya que la ocupación norteamericana obedece principalmente a motivos de poner un límite al surgimiento de potencias regionales que desestabilicen una zona rica en recursos energéticos y donde las clases dominantes locales buscan negociar en mejores condiciones la explotación de sus recursos.

Para RyR, como vimos antes, no hay una diferencia sustancial entre países como Argentina por un lado, y EE.UU o el Reino Unido por el otro, simplemente una diferencia cuantitativa (“economías de mayor o menor tamaño”), y por lo tanto, todos gozamos de una vida social “normal”. ¿Para RyR es “normal” que, desde un punto de vista puramente burgués, el presupuesto argentino se discuta verdaderamente no en el Congreso, sino en el FMI o el Club de París? ¿Es “normal” que los principales monopolios que dominan la economía mundial pertenezcan a un puñado de países, principalmente los agrupados en el llamado “G7”?  ¿Es “normal” que estos países compartan la apropiación de gran parte de los recursos generados en Argentina y otros países similares, ya sea a través de la explotación directa que realizan las empresas multi y transnacionales o por medio de mecanismos como la deuda externa o la imposición de reglas comerciales que benefician sus intereses? Es “normal” que Argentina sea el único país del mundo que entregó directamente su petróleo, ¡oh casualidad! en los ’90 tras la derrota en la guerra de Malvinas? La burguesía nativa ya ha mostrado con creces en toda su historia su carácter “anti-nacional”, pero estas “normalidades” son propias de países semicoloniales como el nuestro, y una total ”anormalidad” en las potencias imperialistas.

Su segundo eje, que es el que más nos importa aquí en esta segunda nota es “Más allá de si es una causa nacional o no, ¿de quién son las Malvinas?” Esta pregunta retórica, a la manera de Harari, es respondida con absoluta candidez: “Como vemos, el reclamo por las Malvinas es algo ridículo: no son argentinas, son de los isleños.” Harari transforma una situación de enclave colonial en un cuento de hadas, más o menos como hizo Fox en 1997 cuando transformó a la familia imperial rusa de Nicolás II “El Sangriento”, en una encantadora fábula para niños.

Los isleños tienen el estándar de vida más alto de Sudamérica, con un PBI per cápita que es el triple de la Argentina. Esto se debe a la explotación de los recursos naturales de las islas y a una política consciente de Gran Bretaña de mantener cooptada una pequeñísima población de enclave (3.000 personas), gran parte de la cual es personal militar, que le permite sostener el “derecho de autodeterminación de los isleños” que, lógicamente, es seguir siendo parte del imperio británico. Desde este punto de vista, hay una similitud con la población de colonos judíos furiosamente anti-palestinos que ocupan los territorios arrancados a sus antiguos dueños. Mantener conforme una pequeña élite, que vive de las migajas de la explotación imperialista, proporciona un argumento “social” para el objetivo imperialista de mantener un punto de importancia geoestratégica que, además le permite proyectarse sobre el territorio antártico.

De “las Malvinas son de los isleños”, por arte de magia Harari salta a esta reflexión:“¿de quién es la Argentina? La respuesta parece fácil: “De los argentinos.” Pues bien, eso no es cierto. El país no nos pertenece a todos, le pertenece a una clase social. La clase que es dueña de los campos, de las fábricas, de las casas, de nuestro tiempo libre, la que tiene en su poder todo lo que necesitamos para vivir, la que come bien y elige su futuro, la que tiene a la justicia en sus manos, la que tiene siempre las puertas abiertas de los despachos, la que nunca va a conocer una cárcel o las miserias de un hospital público. A esta gente pertenece la Argentina. Ellos son los soberanos. El resto no. El resto no es dueño de nada, o de casi nada.” Ahora, cada vez con más asombro, nos seguimos preguntando: si los isleños viven tan bien que para Harari pareciera que viven en el socialismo, ya que “las islas son de ellos”, ¿qué es lo que hace que la Argentina “no sea nuestra”? ¿La palabra imperialismo no tendrá algo que ver en todo este embrollo?

Ahora bien, si tomamos este criterio jurídico (sumamente superficial, como vimos), las Malvinas son tan argentinas como lo es Uruguay”. Efectivamente, todo el punto de vista de RyR sobre este importante problema es sumamente superficial. Ahora, si volvemos al marxismo, a nadie se le puede ocurrir comparar a un país semicolonial como Uruguay con un enclave imperialista como Malvinas. Como revolucionarios internacionalistas, no nos atañe que una semicolonia como Uruguay se haya escindido de otra semicolonia como Argentina. Los revolucionarios luchamos por una federación de repúblicas socialistas de Latinoamérica, que verdaderamente haga realidad la “unidad latinoamericana”, que las burguesías nativas semicoloniales balcanizaron, y que sólo se podrá lograr por medio de la unidad de la clase obrera en el poder con sus aliados en sectores de la pequeñoburguesía urbana y rural, como una posición conquistada como parte de la lucha del proletariado de los países imperialistas por acabar con el capitalismo. Pero, como vemos, RyR no se ubica desde el marxismo sino desde un punto de vista provinciano. “Todo está normal”. Olvidémonos del imperialismo, o, como dicen algunos políticos burgueses “dejémosle de echar la culpa a los de afuera”. Para RyR, así como nos deberíamos olvidar de Malvinas, entonces deberíamos olvidarnos de luchar por la expulsión del imperialismo de América Latina.

Harari se pregunta qué traba en el camino a la revolución implica no poseer ese pequeño archipiélago tosco y frío perdido en los mares del sur. Respondemos, el problema de las islas en sí mismas es secundario. El problema de fondo es prepararse para luchar contra el imperialismo. Argentina es un país donde el capitalismo se desarrolló implantado desde un comienzo desde la vieja metrópoli española, liquidando completamente las relaciones sociales de producción previas que existían en distintas zonas del territorio. No subsisten “relaciones feudales” que una revolución burguesa tenga que destruir, según el modelo “clásico”. Pero la concentración de la propiedad de la tierra y de la producción en manos de capitales imperialistas liga íntimamente, en una forma particular en nuestro caso, las tareas anti-imperialistas (tradicionalmente burguesas) con las tareas socialistas. Las posiciones políticas y militares del imperialismo son una “traba” no ya para la burguesía (anti) nacional, sino para la alianza revolucionaria de los trabajadores y el pueblo. Quien no quiera pensar en esto, so pretexto de que estamos hablando de un puñado de islas, entonces no quiere pensar en el problema del poder de los trabajadores, no quiere prepararse para la revolución.

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de nuestro amigo Marian Mancuso…

Carlos Fuentealba

MULTITUDINARIA MARCHA EN NEUQUÉN

A 5 años del fusilamiento público de nuestro compañero Carlos Fuentealba (LVO 469)

A 5 años del fusilamiento público de Carlos Fuentealba, el reclamo de cárcel a Sobisch y todos los responsables políticos sigue más vigente que nunca. La jornada comenzó temprano cuando más de 250 compañeros y compañeras viajamos a Arroyito, a unos 40 km de la ciudad de Neuquén, lugar donde hace 5 años se efectuó la brutal represión del gobierno del MPN que terminó con la vida de nuestro compañero. Convocado por seccionales y agrupaciones opositoras a la conducción provincial K de Aten, se desarrolló un importante acto donde tomaron la palabra Daniel Huth de Aten Capital, Verónica Palavecino de Aten Senillosa, Omar Villablanca, Secretario General del Sindicato Ceramista y Alejandro López, diputado provincial del Frente de Izquierda. En un marco de mucha emotividad y simbolismo culminó el acto con una intervención artística sobre la ruta.

Cerca de las 11 de la mañana, más de 50 autos nos trasladamos en caravana hacia Neuquén para participar de la marcha convocada al mediodía, en el marco de un paro provincial de la CTA que tuvo un altísimo acatamiento, especialmente entre los/as trabajadores/as de la educación. Como nos tiene acostumbrados/as la CTERA, el necesario paro nacional que fortalezca el reclamo de cárcel a Sobisch, brilló por su ausencia.

En horas del mediodía, más de 10.000 trabajadores y trabajadoras de la educación, estatales, ceramistas, trabajadores privados, las Madres de Plaza de Mayo Filial Neuquén y Alto Valle, representantes de partidos de izquierda nucleados en el Frente de Izquierda, entre otros, participamos de una gran manifestación que recorrió las calles neuquinas y culminó en Casa de Gobierno donde se realizó un acto. Allí los dirigentes de aten provincial no pudieron hacer uso de la palabra ante el enérgico repudio y rechazo de los compañeros/as de Aten.

En el marco de la exigencia de juicio y castigo a Jorge Sobisch denunciamos que la impunidad continúa de la mano del gobierno de Jorge Sapag. Cuando el gobierno provincial intenta aprobar en la Legislatura neuquina una reaccionaria Ley que tiende a privatizar la educación y a crear una educación para ricos y otra para pobres, apoyada por la conducción provincial K de Aten, esta multitudinaria marcha fortalece la lucha de los/as trabajadores/as en defensa de la educación pública, por la democracia sindical en nuestro sindicato y por juicio y castigo a todos los responsables políticos del fusilamiento de Carlos.

- Abajo las leyes K de educación privatistas
- No al proyecto de Ley Provincial de Educación
- Revocatoria de mandato a la Comisión Directiva de Aten Provincial
- Cárcel a Sobisch y a todos los responsables políticos del fusilamiento de Carlos Fuentealba
- Carlos Fuentealba ¡PRESENTE!

Agrupación NEGRA de Aten – Corriente Nacional Nuestra Lucha

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MALVINAS Y LA CUESTIÓN NACIONAL. UN “MARXISMO” LIBERAL. POLÉMICA CON RAZÓN Y REVOLUCIÓN

Por Guillermo Crux

Toda la humanidad actual, desde los obreros británicos a los nómades etíopes, vive atada al yugo del imperia­lismo. No hay que olvidarlo ni un solo minuto. (…) Algunos países son los conductores del imperialismo, otros sus víctimas. Esta es la línea divisoria fundamental de los estados y naciones modernos. Desde esta perspectiva, y solamente desde ella, hay que considerar el problema tan complejo de fascismo y democracia (…) tampoco podemos hablar del fascismo “en general”. En Alemania, Italia y Japón el fascismo y el militarismo son las armas de un impe­rialismo ambicioso, hambriento y por lo tanto agresivo. En los países latinoamericanos el fascismo es la expre­sión de la dependencia más servil del imperialismo extranjero. Tenemos que ser capaces de descubrir, bajo la forma política, el contenido económico y social.

León Trotsky [1]

Razón y Revolución (RyR) está por publicar un libro sobre la guerra de Malvinas, de la cual está por cumplirse su 30 aniversario, llamado La izquierda y la guerra de Malvinas, que consiste de tres artículos publicados en distintos momentos sobre el tema, de Adolfo Gilly, Alan Woods y Alberto Bonnet, respectivamente, con un prólogo de Fabián Harari. De los cuatro, sólo este último pertenece al colectivo que publica RyR. Sin embargo, lo que une a los tres artículos con el prólogo de RyR, es una postura crítica hacia la actuación de la izquierda argentina durante la guerra, particularmente de las organizaciones que en ese entonces hablaban en nombre del trotskismo, como la corriente de Nahuel Moreno, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST); y Política Obrera (PO), que más adelante, en ese mismo año de 1982, adoptaron el nombre de Movimiento al Socialismo (MAS) y Partido Obrero (PO), respectivamente. Pero la polémica también es con las organizaciones actuales que siguen reivindicando en general una postura determinada ante la guerra. A saber: que en un conflicto militar donde se enfrentan un bando semicolonial como Argentina, y una potencia imperialista como el Reino Unido, la posición de los revolucionarios debe ser ubicarse del bando militar de la nación semicolonial contra el imperialismo. Independientemente del régimen político de la primera, y sin darle ningún apoyo político al gobierno semicolonial, apuntando a transformar el conflicto en una verdadera guerra de liberación nacional contra el imperialismo. La conducción de la guerra por un gobierno como la dictadura genocida argentina, necesariamente está incapacitada para llevar esta guerra hasta el final. Una derrota del imperialismo inglés podría haber sido un gran factor revolucionario mundial, tras la debacle yanqui en Vietnam, y podría haber dificultado la ofensiva neoconservadora de los ’80.

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En este sentido, RyR también polemiza abiertamente contra nuestra organización, el PTS. Sin embargo, nuestro partido no existía en 1982 (fue fundado recién en 1988 de una ruptura de la corriente morenista, en ese momento el viejo MAS). Más aún, el PTS, desde sus primeros años, hace un ajuste de cuentas con la tradición morenista, con la cual rompemos, y a la que consideramos centrista, por no contar con una estrategia revolucionaria como la de los orígenes de la Cuarta Internacional, sino con una política errante que oscila entre posiciones reformistas y revolucionarias, y con una teoría revisionista como la de Moreno de la “revolución democrática”. Por poner algunos ejemplos, creemos que el morenismo no pasó la prueba de los ’70, y ya en el ’76 venía de hacer un “frente antigolpista” con los radicales y toda la oposición burguesa del Bloque de los 8, quienes por atrás estaban llamando a la puerta de los cuarteles. O, con la debacle de la dictadura tras la derrota de Malvinas, cuando el recién fundado MAS calificó de “triunfo de la revolución democrática” a la salida electoral para intentar salvar el vacío de poder por la crisis de la dictadura, pergeñada en acuerdo entre Bignone y la Multipartidaria. El balance crítico de la política centrista de las corrientes trotskistas, particularmente el morenismo en los ’70 y los ’80, debe servirnos para sacar lecciones por la positiva para tener una estrategia correcta y para construir una organización marxista revolucionaria que supere dialécticamente esa tradición. Asimismo, también hay que analizar los combates correctos dados por estas organizaciones, lo que llamamos “hilos de continuidad” con la tradición marxista clásica que recorre las cuatro internacionales desde mediados del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial. Por eso, nos parece que era acertado durante la guerra de Malvinas adoptar una política como la que RyR critica.

Como base de nuestra crítica, vamos a tomar tanto el prólogo de Fabián Harari al libro de RyR, Miseria del nacionalismo[2], como el artículo que el mismo autor publicó en la revista El Aromo n° 65, Un síntoma recurrente. ¿Es Malvinas una causa nacional?[3]

UNA CUESTIÓN NACIONAL Y UN IMPERIALISMO QUE NO EXISTEN… O LA VUELTA A UN “MARXISMO” LIBERAL.

El centro de la argumentación de Harari y RyR es que en la Argentina la revolución obrera no tiene tareas democrático-burguesas que cumplir, es decir, no hay “cuestión nacional”, debido a nuestro país no sería una semicolonia. RyR da una definición de la cuestión nacional que necesariamente los debería llevar a concluir que la revolución no tiene tareas democrático-burguesas que cumplir prácticamente en ningún lugar del planeta. Al mismo tiempo, íntimamente ligado a esto, los compañeros sugieren una definición del concepto de imperialismo opuesta a la del marxismo clásico, por lo cual entonces no tendría ningún sentido hablar hoy en día de imperialismo y países semicoloniales, remplazando esta relación por el concepto vulgar, tomado de los economistas liberales, de “naciones con economías de mayor tamaño y naciones con economía de menor tamaño”.

Para hacer encajar mejor su argumento, Harari no tiene mejor recurso que mentir, y hacer una amalgama de las posturas de la izquierda, particularmente de la corriente morenista, el PST, haciéndola quedar como sostén de los militares. Pero vamos al nudo principal de su argumentación.

EXISTE ALGO LLAMADO IMPERIALISMO. Y CÓMO SI SE ES MARXISTA Y SE OPINA QUE NO EXISTE SE PUEDEN LLEGAR A DECIR COSAS MUY PARECIDAS A SARLO, LANATA Y CAPARRÓS…

Dice Harari: “Evidentemente, hay algo en el programa de la izquierda argentina que no está bien. El nacionalismo se expresa, en cada uno de hechos de esta característica, en síntomas recurrentes. Hay un problema que excede la apreciación coyuntural sobre la guerra. Un problema que se encuentra en la mirada con que se examinó el conflicto. Un aspecto del programa que arrastra a sucesivos errores: la cuestión nacional. La izquierda, en su conjunto, sostiene que la Argentina no ha completado sus tareas nacionales y, entre los obstáculos para alcanzarlas, se halla la opresión del imperialismo (norteamericano, pero también inglés, francés y japonés, que conforman un bloque).” Harari nos dice que la “cuestión nacional”, o las tareas democrático-burguesas de la revolución son: “la constitución de un Estado nacional, la hegemonía burguesa y la unificación económica y mercantil en una economía plenamente capitalista. Nada más.” ¿Nada más? No, mucho más. La definición de “revolución” burguesa que da RyR no es marxista, sino que es el objetivo limitado de los movimientos nacionalistas burgueses de los países que llegaron demasiado tarde a la escena histórica, que son timoratos, y que no aspiran a nada más radical, por temor a que las masas los pasen por encima, y que están muy por detrás, comparados con la gran transformación social que implicaron las revoluciones burguesas tempranas clásicas, como la francesa. Los marxistas siempre estimaron las tareas de la revolución burguesa según esta última, como tareas radicales, que requiere, para el pleno desarrollo del capitalismo en el campo, la eliminación de los resabios pre-capitalistas, los privilegios, el desarrollo industrial, la plena independencia no sólo formal (como un estado sólo formalmente independiente, como las ex-colonias latinoamericanas) sino real de todos los lazos económicos y políticos que ponían trabas al desarrollo económico independiente de la nación. Por eso, los marxistas de los países atrasados, nunca consideraron las tareas de la revolución burguesa según el criterio limitado de cuán lejos podían llegar a ir las burguesías locales, débiles, timoratas, en su enfrentamiento con el Antiguo Régimen.

Hay que hacer notar que Lenin y los bolcheviques no diferían con los mencheviques en cuanto al contenido social de la revolución rusa (ambas fracciones opinaban que iba a ser burguesa), sino en cuanto a qué clase la iba a dirigir: si la burguesía rusa (los mencheviques), imponiendo sus objetivos de reformas limitadísimas, pactando con el zarismo un lugar en el estado semifeudal ruso, o la clase obrera en alianza con los campesinos (los bolcheviques), llevando adelante las tareas burguesas radicales de una clase social que nunca tuvo la fuerza ni la voluntad para realizarlas, destruyendo el estado zarista y llevando adelante la revolución agraria y desarrollando las fuerzas productivas rusas para fortalecer a la clase obrera y ser la antesala de la revolución obrera y socialista en Europa Occidental. En la cita de Harari del “nada más”, que ponemos más arriba, donde define qué es la revolución burguesa, éste intenta apoyarse en una definición de Lenin. Pero allí el revolucionario ruso no está hablando de la revolución burguesa, sino que está definiendo qué es la autodeterminación nacional de los numerosos pueblos que conformaban el imperio zarista y que muchas veces, aún incluso siendo más adelantados económicamente que la metrópoli, no se habían podido conformar como estados burgueses separados y formalmente independientes. En ese mismo trabajo, más adelante, Lenin diferencia reiteradamente autodeterminación nacional de revolución burguesa[4]

RyR, al calificar de “revolución burguesa” a la independencia formal de la nación, le está haciendo una gran claudicación teórica a las burguesías latinoamericanas. Esto puede entenderse en un manual para chicos de la escuela primaria, como cuando nos enseñaron desde pequeños que nuestros “próceres” lucharon por la “igualdad, la libertad y la fraternidad”, pero no en historiadores serios y que encima se consideran marxistas.  Por eso, embelleciendo a la burguesía argentina, nos dice que nuestro país “logró completar su revolución burguesa en el período que media entre 1860 y 1880”. En esto, no obstante, difiere con su compañero Eduardo Sartelli, quien en 2007 nos decía, más apegado aún a la letra de los manuales escolares, que la Revolución de Mayo [de 1810]barrió con todas las rémoras existentes, no hay tareas ‘democráticas’ pendientes[5]

Volviendo. Como decíamos al comienzo, RyR sugiere que imperialismo es igual a colonialismo. Si no hay una relación colonial, entonces entre el Reino Unido y Argentina no hay opresión imperialista del primero sobre la segunda. Pero eso no es sólo en Argentina, sino que la mayor parte del planeta está formada por estados formalmente independientes. Entonces, cuando RyR habla de imperialismo (si es que habla de ello) ¿de qué está hablando?

RyR tiene el mérito de publicar y difundir obras de los marxistas clásicos. Pero también publican trabajos propios, en los cuales uno tiene la sensación de que no leen a los autores que publican. Lenin, por ejemplo. El revolucionario ruso planteaba que lo característico del imperialismo como nueva fase del capitalismo es que representa la dominación del capital financiero, como fusión del capital industrial y bancario. Que esto implicaba que, al revés de las viejas relaciones de los imperios coloniales como la decadente Inglaterra, la clave es cada vez menos el dominio político directo, colonial, del mundo subdesarrollado, desde el cual Inglaterra como potencia imperial hegemónica se abastecía de materias primas para la industria británica, para luego exportar sus productos a todo el mundo. Que la clave del imperialismo no es la exportación de mercancías del centro a la periferia, sino la exportación de capitales en esa misma dirección, desarrollando a su manera el capitalismo en los sectores atrasados, pre-capitalistas, y que para esto no hace falta el dominio político directo característico de las colonias, sino que lo que introduce a gran escala el imperialismo, que la potencia en ese entonces emergente que era EE.UU representaba mejor que nadie, es que se trata de un imperio sin colonias, con estados formalmente independientes, pero donde todo el mundo se va volviendo una gran colonia económica del imperialismo dominante. RyR no tiene en cuenta esta caracterización elemental del imperialismo para un marxista, y sólo así puede negar la semicolonialidad de Argentina, y de hecho negar la existencia del imperialismo.

Tratando de evitar de todas las formas posibles usar el marxismo, y los términos imperialismo y semicolonia,  apelando a conceptos periodísticos vulgares, Harari llega a decir que “La afirmación que en cualquier guerra que enfrente a una nación con una economía de mayor tamaño contra una de menor, hay que apoyar a esta última, olvida(…) la primacía del antagonismo de clase por sobre el nacional”. Les tenemos que decir a los compañeros de RyR que, si van a usar este tipo de caracterizaciones no marxistas, entonces tendrían que decir que, por ejemplo, Brasil, que es la octava economía del mundo, no representa un tipo de país cualitativamente muy distinto que Inglaterra. Lo mismo podrían decir de otros países como China o la India. Luego Harari nos quiere comparar con Lenin y los bolcheviques. Según él, estos últimos ya tuvieron su “Guerra de Malvinas” en 1904-1905, y su propio Galtieri, el zar Nicolás II… Y, como los bolcheviques, a diferencia de nosotros, no eran nacionalistas, por eso no se alinearon en el campo militar ruso. Por eso dice que olvidamos “incluso la propia historia bolchevique (…). En la Guerra Ruso-Japonesa de 1904, el partido bolchevique se opuso a apoyar el combate del país “semicolonial” (Rusia) contra el “imperialismo” japonés y llamó al derrotismo. La derrota militar del ejército ruso abrió un proceso revolucionario.”Sin embargo, el mismísimo Alan Woods, de quien los compañeros publican un artículo sobre Malvinas que ellos reivindican, se encarga de desmentir esta pretendida analogía histórica de RyR en su libro sobre la historia del partido bolchevique, donde dice que en la guerra ruso-japonesa Lenin no se ubicó en el bando militar del zarismo[6], no en nombre de un “anti-nacionalismo” abstracto de un país semicolonial, sino porque, por el contrario, “la Rusia zarista, a pesar de su carácter atrasado y semi feudal, y su dependencia del capital occidental, era una de las principales naciones imperialistas al comienzo del siglo XX. Junto con las otras potencias imperialistas, Gran Bretaña, Francia y Alemania, la Rusia zarista participó en el reparto del mundo en colonias y esferas de influencia. Polonia, los Estados Bálticos, Finlandia, el Cáucaso, los territorios de Extremo Oriente y Asia Central eran, en la práctica, colonias zaristas. Pero las ambiciones territoriales del zarismo eran insaciables”[7] [8] Extraña “semicolonia” era el zarismo.

UNA AMALGAMA HISTÓRICA

Harari empieza diciendo, en El Aromo: “La izquierda no pudo hacer frente al nacionalismo y terminó apoyando esta aventura burguesa, aunque ese acompañamiento haya sido camuflado bajo críticas a Galtieri.” Y bajo el subtítulo de “Galtieri, el camarada”, dice: “El PST fue dentro del trotskismo quien mayor apoyo brindó a la dictadura en su contienda. Puede decirse que fue, en términos nacionalistas, el más consecuente. Para justificar su posición, apeló a una cita en que Trotsky llama a defender al Brasil “fascista” de Vargas contra Inglaterra[9]. Que haya calificado así al Estado Novo muestra el grado de desconocimiento que el creador del Ejército Rojo tenía de la realidad latinoamericana. Trotsky allí brega por el desarrollo en los países oprimidos de la conciencia “nacional y democrática” lo cual es apoyar, hoy en día, a los Kirchner y en el 1982, a Alfonsín. Asimismo, contrariamente a lo que señaló el dirigente bolchevique, la victoria de un fascista en Brasil no favorecería a la clase obrera, sino al régimen fascista en cuestión. En cualquier caso, la cita llama a apoyar al nacionalismo de algunos países, cualquiera sea su régimen y gobierno, frente a otros más poderosos, lo que es una concesión gratuita e innecesaria a las burguesías de estos países. (…) Para Moreno, la Junta Militar se habría puesto a la cabeza de un movimiento revolucionario y nuestro Lenin no era otro que Galtieri (que tal vez bebía para eludir su destino)”

Cualquier persona que no analice los hechos con la ligereza y la desfachatez que caracteriza el artículo de Harari, verá que el morenismo en ningún momento apoyó a la dictadura militar, ni mucho menos llegó a ver en Galtieri un dirigente antiimperialista.[10] RyR, en su rotunda negación del imperialismo, lo equipara a un nacionalismo simplón, y le hace un enorme favor al gobierno, diciendo que ser antiimperialista hoy es ser kirchnerista. Como señalaba Trotsky, la falta de “conciencia nacional”, es decir, la falta de conciencia de la opresión imperialista en un país sometido, es un indicio de un gran atraso político[11]. Un gran ejemplo de ese atraso es la propia Argentina durante los ’80 y los ’90 (comparada con la de los ’60 y ’70, donde el antiimperialismo era de masas), debido a que la derrota de Malvinas dejó internalizado en el inconsciente colectivo que el imperialismo es invencible, y que no hay otro horizonte posible que una democracia burguesa semicolonial cada vez más degradada. En ese clima de época, la izquierda revolucionaria que hablaba del imperialismo era considerada casi lunática o trasnochada. También lo podemos ver hoy en las movilizaciones en Egipto y otros países de Medio Oriente envueltos en la “Primavera Árabe”, donde las masas han llegado incluso a derribar dictaduras pro-imperialistas, pero tienen aún ilusiones en la “democracia” occidental.

¿UBICARSE EN EL BANDO MILITAR ARGENTINO EQUIVALÍA A DARLE APOYO POLÍTICO A LA DICTADURA? LO LABERÍNTICO DE LA POLÍTICA Y LAS EXTRAÑAS “CONVERGENCIAS POLÍTICAS”

Según los compañeros, Trotsky y quienes nos ubicábamos en el bando militar argentino en 1982, llamábamos “a apoyar al nacionalismo de algunos países, cualquiera sea su régimen y gobierno, frente a otros más poderosos, lo que es una concesión gratuita e innecesaria a las burguesías de estos países,” ¿Qué otra cosa podría significar una confluencia de intereses entre revolucionarios y contrarrevolucionarios? Los dos artículos en cuestión están recorridos de principio a fin por formas de razonar de este tipo. Pareciera que el estalinismo criollo, con su apoyo a la dictadura de Videla, al fin se puede reconciliar con el trotskismo, ya que entonces todos tendríamos ropa sucia en el placard.

RyR se abraza a una norma abstracta, donde lo único que cuenta son las intenciones de las burguesías nacionales y sus gobiernos. Pero la realidad de la lucha de clases es mucho más laberíntica.

Por ejemplo, a comienzos de 1917, tras la revolución de Febrero, hubo una convergencia de intereses entre Lenin y el imperialismo alemán. Para ser más claros: el gobierno imperialista del Kaiser alemán le da a Lenin un tren, custodiado y secreto, para que el revolucionario pudiera llegar sano, salvo y a tiempo a Rusia.[12] ¿Qué pasó aquí? ¿El Kaiser alemán se volvió un partidario de la revolución socialista? A nadie se le ocurrió en ese momento pensar semejante cosa. Entonces, alguien con la lógica de Harari en ese momento hubiera dicho: sí, no queda otra, Lenin en los hechos colabora con Alemania, y, “aunque ese acompañamiento haya sido camuflado bajo críticas” al Kaiser, lo concreto es que Lenin y los alemanes colaboraban. Esta sería la lógica de RyR aplicada a este caso en particular. En Rusia en ese momento hubo gente que, justamente por eso, acusó a Lenin de agente alemán hasta el mismo día que los bolcheviques tomaron el poder (y después también, sobre todo cuando el gobierno soviético firmó la paz de Brest-Litovsk con Alemania). Para el Kaiser lo que importaba de la política de Lenin, era el hecho de que éste último era partidario de que Rusia abandonara la guerra. En un momento en que las tropas alemanas ya estaban perdiendo la guerra y, exhaustas, tenían que pelear en dos frentes, al Kaiser le convenía cerrar el frente oriental, y sólo en esa medida práctica de gran importancia para Alemania coincidía con Lenin, con lo cual el hecho de que éste último fuera un revolucionario incorruptible y no un político “comprable” pasaba a segundo plano.

En la década del ’30, en las vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Trotsky consideraba que ésta no sólo abarcaría conflictos interimperialistas, sino que también entrarían a tallar las luchas de liberación nacional de pueblos coloniales dependientes, en mucho mayor medida, de los imperialistas “democráticos”. Trotsky consideraba estas como guerras justas. Y pensaba en la posibilidad de que, en medio de una huelga general en un país fascista, el gobierno de ese país tuviera la intención de enviarle armamento a un movimiento de liberación nacional de una colonia de un país “democrático”. ¿Qué deberían hacer los revolucionarios? ¿Deberían decir que un gobierno fascista no puede querer liberar al pueblo de un país colonial y entonces debían oponerse al envío del armamento, o, como indicaba Trotsky, los obreros portuarios deberían permitir que el barco con el armamento pudiera partir y llegar a destino?[13] La “confluencia de intereses” entre fascistas y revolucionarios se daba únicamente en que ambos estaban interesados en armar a los movimientos de liberación nacional. En el caso de los fascistas, porque eso obligaría a las fuerzas armadas de los imperialismos democráticos a tener que abrir nuevos frentes de batalla y debilitarse frente al Eje, mientras que, para los revolucionarios de la Cuarta Internacional, la lucha por la liberación nacional era un apoyo fundamental en la tarea de “dar vuelta los fusiles” y transformar la guerra interimperialista en una guerra civil mundial con las burguesías de ambos bandos, para así terminar con todas las guerras.

¿Saben los compañeros de RyR que Lenin y Trotsky llegaron a hacer, antes del Tratado de Rapallo, un acuerdo de cooperación secreto con el ejército alemán que, derrotado en la Primera Guerra Mundial, bajo las cláusulas del Tratado de Versailles, estaba severamente limitado de actuar, y el gobierno revolucionario soviético le ofreció la posibilidad de seguir entrenándose en Rusia, a cambio de que los alemanes entrenaran al Ejército Rojo, que estaba desesperadamente escaso de cuadros militares?[14] Mientras el gobierno soviético tenía este acuerdo puntual y delimitado de “colaboración”, esto no ataba de manos en lo más mínimo a los comunistas alemanes para oponerse al gobierno de la República de Weimar en la perspectiva de derrocarlo e instaurar un gobierno obrero. Esto recién cambiaría con el surgimiento del estalinismo, cuando los partidos comunistas extranjeros se transformaron en simples correas de transmisión de Moscú y apoyaban a gobiernos burgueses aliados a la URSS. Esta “convergencia de intereses”, puntual y acotada, entre los bolcheviques bajo Lenin y Trotsky por un lado, y Alemania por el otro, ¿sería calificada de traición y apoyo al militarismo alemán por los compañeros de RyR?

EL LUGAR DE MALVINAS EN LAS TAREAS DEMOCRÁTICO-BURGUESAS DE LA REVOLUCIÓN

“Malvinas, más allá de la propiedad jurídica, no es una cuestión nacional: no se juega el destino de nuestra economía ni el futuro del proletariado en esas islas (…)¿cuál es el interés del proletariado argentino en las islas? ¿Cuál es el obstáculo que pone a la revolución socialista el dominio inglés en las Malvinas? Esas son las preguntas que la izquierda debe responder .” 

Pues bien, respondamos.

El principal obstáculo a la revolución socialista en Argentina es el imperialismo en general. Para RyR, no existe el imperialismo y Argentina no es semicolonia de nadie, EE.UU, Inglaterra, y otras “economías de mayor tamaño” por el estilo (o como enroscadamente quieran llamarlas para no decir la palabra imperialismo), ¿se van a cruzar de brazos? La guerra con el imperialismo en un principio va a ser por sus empresas, sus intereses económicos. Mientras apela a algún engendro político de discurso reformista para confundir a los trabajadores, el imperialismo con sus recursos va a ir armando bandas fascistas primero para aterrorizar a los trabajadores, y si esto no alcanza, apelará directamente a las fuerzas armadas y de seguridad, los trabajadores van a tener que tomar el poder para no repetir la experiencia del golpe de 1976. Parte de las tareas democráticas, “burguesas” de la revolución en la Argentina va a ser romper con el imperialismo, romper con los tratados y compromisos que nos unen a él, expropiar sus empresas, etc. El imperialismo tiene espacios conquistados en Latinoamérica. No sólo espacios políticos, a través de su alianza con las burguesías y gobiernos de la región, sino también militares. La recuperación de Malvinas, para nosotros, no pasa por un apego esencialista a la “argentinidad”, donde las islas serían una parte definitoria de la “patria”, al estilo de la ideología “volkista” que cimentaba al nacionalismo alemán (y que los conservadores católicos de las fuerzas armadas argentinas, tradicionalmente prusianistas, heredaron). De entre las tareas democráticas de la revolución obrera, la recuperación de Malvinas es un objetivo secundario, subordinado a nuestra estrategia de barrer al imperialismo de América Latina. Sólo vamos a poder recuperar las islas, y al mismo tiempo extender la revolución hacia América Latina, con un gobierno revolucionario de los trabajadores. Las Malvinas constituyen una base militar de la OTAN ubicado en un punto geoestratégico muy importante, y como tal es una amenaza para la revolución en todo el Cono Sur. Pero no es la única. También están las otras “Malvinas” que constituyen las bases militares norteamericanas desplegadas por América del Sur, el Plan Colombia, los convenios con la DEA y otras agencias de seguridad imperialistas. Si los trabajadores comienzan tomando el poder en Argentina, es muy probable que los estados capitalistas vecinos intenten aplastarlos, con lo cual va a haber que extender la revolución hacia el Cono Sur, y allí tomar las Malvinas, como posición del imperialismo británico que amenaza a la revolución en el continente.

No estamos por la recuperación de las Malvinas bajo acciones militares en cualquier momento y lugar, bajo cualquier dirección política y militar. Siguiendo el método de Marx, no estamos por entrar en combate en cualquier momento, sino sólo en la medida en que podamos elegir momento y lugar bajo las circunstancias más propicias para nosotros. Pero esto no siempre ocurre, y suele pasar que los acontecimientos nos obligan a tener que intervenir dando giros muy pronunciados en circunstancias completamente desfavorables, como las de 1982. En ese sentido, no apoyamos la medida de la invasión de las islas por Galtieri (el PST tampoco lo hizo[15]), porque la consideramos una aventura, sin ninguna preparación, y porque una medida así contra el imperialismo por parte de una dictadura pro-imperialista tenía pocas chances de triunfar. Una vez que la invasión argentina de las islas se dio, y con ella la posibilidad de la guerra con Inglaterra, aunque seguimos sin apoyar a esta medida aventurera, había que ajustar la política a esta nueva situación. Por más que los revolucionarios no apoyemos la medida, no se puede ser neutral, ni mucho menos derrotista[16], en una guerra de un país oprimido contra un opresor.[17] Para Lenin y la Internacional Comunista de los primeros años, la guerra era una institución más del capitalismo, donde hay que intervenir activamente, como las elecciones, las huelgas, etc. Consideraba que cuando una guerra es reaccionaria, la denuncia a la guerra y el llamado a la confraternización son correctos, pero insuficientes. Para Lenin, el pacifismo en una guerra imperialista era una oposición a la guerra puramente negativa, pasiva. Consideraba que los revolucionarios igualmente debían intervenir en los ejércitos, para combatir a la “paz civil” que caracteriza a la guerra. De esta forma, peleando por la base del ejército, estarían en mejores condiciones para dar vuelta los fusiles contra la burguesía. Además de esto, consideraba que el pacifismo, en el caso de una guerra de una nación oprimida contra un imperialismo, es absolutamente reaccionario, porque en los hechos deja actuar al belicismo de la nación imperialista. Por esta razón, muchos militantes que no habían sido movilizados con las tropas, sin apoyar la aventura de Galtieri, fueron a alistarse como voluntarios para combatir en Malvinas, entre ellos, incluso, compañeros que hoy militan en nuestra organización, el PTS. Al mismo tiempo, lo fundamental para luchar contra Inglaterra pasaba por “extender la guerra al continente”, es decir, expropiar las empresas inglesas (y también norteamericanas, que apoyaban a Thatcher), dejar de pagar la deuda externa, etc. Lenin no estaba por apoyar las guerras de liberación nacional para que las burguesías pudieran tener su propio estado. Para la Comintern de los primeros años, teniendo en cuenta que ya había pasado la época en que las burguesías nacionales podían librar en forma progresista una guerra de liberación, bajo el imperialismo, esta tarea burguesa, para las naciones todavía atrasadas y oprimidas se transformaba en una poderosa palanca para la revolución obrera.

***

Quienes deben plantear directamente la derrota de su propio país en la guerra, son los revolucionarios y los trabajadores del país imperialista agresor. Los marxistas revolucionarios ingleses debían ubicarse en el bando militar argentino, enfrentando el chovinismo, (incluso el de la burocracia del propio Partido Laborista inglés, que desde la oposición apoyaba a Thatcher en la guerra), tratando de movilizar y realizar acciones para dificultar y romper la maquinaria militar británica, en la perspectiva de su derrota. Lamentablemente, la mayoría de la izquierda inglesa apoyó directa o indirectamente a su propio imperialismo (incluso con los argumentos más ridículos, desde que supuestamente Argentina también era un país imperialista, entonces ambos bandos eran iguales) incluyendo las posiciones escandalosamente pro-imperialistas de la corriente de Alan Woods, entonces llamada The Militant[18], (de quien los compañeros de RyR publican sus posiciones elogiosamente) que no por nada desde hace muchas décadas está completamente integrada al laborismo inglés. Esta posición pro-imperialista tuvo pocas y honrosas excepciones entre algunos sectores de la extrema izquierda británica.

RyR considera que las tareas democrático burguesas están resueltas desde el siglo XIX en la medida en que la burguesía argentina pudo hacerse cargo del aparato estatal, previamente en manos de España. Para RyR, decir que Argentina es un país semicolonial, implicaría afirmar que la burguesía argentina no controla su propio estado, que este estaría en manos del imperialismo como antes lo estuvo en manos de la monarquía española. Lo cierto es que, aunque la burguesía argentina es dueña del aparato estatal, es un socio menor del imperialismo en la explotación del país. Por eso, al mismo tiempo también es una clase semi-oprimida. De este hecho, el estalinismo criollo en todas sus variantes y la izquierda peronista alrededor de Montoneros en los ’70, consideraba que esta situación de semi-opresión le daba a la burguesía local un carácter revolucionario. Para nosotros, por el contrario, esta semi-opresión hace que desde su nacimiento se caracterice por una debilidad y una cobardía que hace que no pueda ser ni la sombra de las burguesías de las revoluciones burguesas clásicas, y sus tareas quedan en mano de la clase obrera, enfrentando a su propia burguesía. No obstante, esta semi-opresión, está en la base de los episódicos roces, tensiones y conflictos, que pueden llevar a la guerra abierta, como en 1982, aunque esta incluso estuvo más cerca de una maniobra desgajada de la burocracia militar que en ese momento buscaba su propia preservación, más que una medida apoyada por la burguesía de conjunto.

EL IMPERIALISMO ES MÁS QUE LA OCUPACIÓN MILITAR.  

El origen del problema fue haber equiparado a la guerra de Malvinas con una “guerra nacional”. En está última, el territorio donde vive el conjunto de la población es invadido y ocupado por alguna potencia (Irak, Afganistán, Palestina) y, por lo tanto, la gran mayoría, con independencia del origen de clase, se dispone a la lucha armada contra el ocupante. Quien ha puesto más explícita y honestamente esta confusión es el PTS, quien comparó la guerra de Malvinas con la primera Guerra del Golfo (1991) y a Galtieri con Sadam Hussein. Efectivamente, el dictador irakí ocupó Kuwait en una medida distraccionista, pero las semejanzas con Malvinas terminaron en cuanto EE.UU. atacó a Irak. Allí sí, la clase obrera estaba obligada a intervenir, no a favor de Hussein, sino en defensa de sus condiciones de vida. No por la Nación en abstracto (o sea, la nación burguesa), sino por su propia clase.”[19]

A los efectos de una guerra entre el imperialismo y una nación oprimida, si el primero ocupa militarmente o no a la segunda, no cambia en lo esencial la política de los revolucionarios. En Argentina el imperialismo ya “ocupaba” el territorio argentino, ¡sobre todo a partir del golpe de estado de 1976! Fue el imperialismo el que dirigió directamente desde sus embajadas el golpe de Pinochet, luego el de Uruguay, y por fin el de Argentina, y quien puso a sus hombres, como José Alfredo Martínez de Hoz, como ministros. Fue el imperialismo el primero en montar campos de concentración en sus propias fábricas, como hizo Ford, donde iban a parar sus propios obreros. Aunque no llegó a ocupar militarmente el país (no hacía ninguna falta, estando para eso la dictadura argentina), el triunfo de Inglaterra logró fortalecer las posiciones del imperialismo. Es cierto, Inglaterra no pudo “cambiar a un fascista por otro”, como decía Trotsky, porque la dictadura venía en picada y enfrentando el descrédito y la resistencia obrera y popular desde comienzos de la década del ’80. Más aún, el imperialismo, por la debilidad estratégica en la que quedó tras la derrota de Vietnam, había cambiado de política, y ahora, en vez de la intervención y la ocupación militar extranjera directa, cambia a la de “contrarrevolución democrática”, que aquí se tradujo en tener que restaurar la democracia burguesa como única forma posible de poder llevar a cabo la ofensiva de Reagan y Thatcher (facilitada por la derrota argentina en Malvinas), haciendo pasar fuertes medidas tradicionalmente de “coerción”, acolchonadas, amortiguadas, con formas de “consenso”, basándose en la relación de fuerzas desfavorable para las masas fundada con el gran hecho “coercitivo” inicial de las derrotas de 1976 y 1982.[20]

CONCLUSIÓN

En estos días que se cumplen 30 años de la guerra de Malvinas, el kirchnerismo, tras recorrer un período de gran desgaste político en pocos meses, tras la ilusión del poder del 54 % de los votos, usa la disputa puramente para la tribuna sobre Malvinas para ganarse credenciales “a izquierda” que le son completamente ajenas. Frente a esto, un manifiesto de 17 intelectuales sale a denunciar esta manipulación, pero ubicándose a la derecha del gobierno en el discurso sobre Malvinas, denunciando todo tipo de “nacionalismo”, dando a entender que es lo mismo el reclamo antiimperialista de una nación oprimida que, por ejemplo, el nazismo alemán, y tomando como propio el discurso británico de “autodeterminación de los isleños” (que se autodeterminan día a día y eligen seguir siendo súbditos de la reina Isabel II). Es comprensible que Beatriz Sarlo o Jorge Lanata no vean o no quieran ver al imperialismo. Pero también hay voces que se consideran marxistas en el ámbito de la intelectualidad. Entre ellos, los compañeros de RyR, que comparten básicamente el mismo planteo de los 17 intelectuales liberales, pero, increíblemente, pretenden hacerlo “desde el marxismo”. Para RyR, parece que reconocer la existencia del imperialismo negaría la lucha de clases, como hacen corrientes como el maoísmo. Pretender “expurgar” de la estrategia revolucionaria la lucha antiimperialista (que para RyR es simplemente nacionalismo liso y llano), bajo el supuesto de que no hay nada por qué luchar porque la burguesía argentina sería una clase social muy revolucionaria que ya habría completado todas sus tareas democráticas hace entre 150 y 200 años, es un enorme retroceso político hacia el socialismo liberal del tipo de Juan B. Justo y el viejo PS. Las Malvinas son una posición geoestratégica ganada por el imperialismo, aunque tal vez su recuperación no sea una tarea de primer orden de entre las tareas antiimperialistas de la revolución. Por eso, no estamos por recuperarlas a cualquier costo a iniciativa de cualquier dirección política y militar. Sólo vamos a poder expulsar al imperialismo británico y recuperar las Malvinas con un gobierno de los trabajadores. No obstante esto, si está planteado un enfrentamiento militar entre el imperialismo y una nación oprimida hoy, bajo ingobierno capitalista, cualquiera sea su régimen, una derrota sin lucha, y una posición pacifista y claudicante de la izquierda como la que propone RyR es reaccionaria y es dejar hacer al imperialismo. Las batallas no dadas desmoralizan a las fuerzas de la clase obrera y atan con dobles cadenas al país oprimido, como ocurrió tras la derrota de 1982. Lenin no estaba por la creación de nuevos estados burgueses independientes como un objetivo en sí mismo. Para la Internacional Comunista, en sus primeros años, el apoyo a las luchas de liberación de los pueblos atrasados y oprimidos estaba relacionado con que hoy, tomadas por la clase obrera y por la defección de las burguesías nativas, las tareas democrático-burguesas se ligan inmediatamente con las tareas socialistas de la revolución obrera, y con la revolución en las metrópolis imperialistas.


[1] León Trotsky, Combatir al imperialismo para combatir al fascismo(1938)

[2] Disponible en la página web de Razón y Revolución http://www.razonyrevolucion.org

[3] El Aromo N°65, marzo 2012

[4] V. I. Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación (1914), (“La burguesía plantea siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales. Y las plantea de un modo incondicional. El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. Teóricamente no puede garantizarse de antemano que la separación de una nación determinada o su igualdad de derechos con otra nación ponga término a la revolución democrática burguesa. Al proletariado le importa, en ambos casos, garantizar el desarrollo de su clase; a la burguesía le importa dificultar este desarrollo, supeditando las tareas de dicho desarrollo a las tareas de “su” nación.”)

[5] E. Sartelli, “El mejor libro de historia jamás escrito”, extractos de su prólogo a la edición de RyR a Historia de la Revolución Rusa de Trotsky, El Aromo n° 39, nov-dic 2007

[6] La posición de Lenin fue más compleja. El revolucionario ruso, y con él toda la Segunda Internacional de entonces, seguía aún atado al esquema de Marx y Engels del siglo XIX, época en la cual todavía había guerras nacionales de países adelantados que eran consideradas progresivas por los revolucionarios, en tanto luchaban contra la reacción feudal y para hacer avanzar la revolución democrático-burguesa en sus países, como el apoyo que dieron a Polonia contra el zarismo, o el apoyo a la unificación alemana. En este sentido, en la guerra ruso-japonesa de 1904-1905, Lenin se ubicó del bando militar de Japón contra la reacción feudal zarista, país al que consideraba como una nación emergente en términos similares a los de las naciones de Europa Oriental durante la “Primavera de los pueblos” en épocas de Marx. Cuando, con motivo de la Primera Guerra Mundial, Lenin teorice sobre el imperialismo, principalmente en su obra de 1916, llegará a la conclusión de que con la nueva época ya no hay más guerras nacionales progresivas por parte de países imperialistas (como Japón, por ejemplo). Sobre su posición en la guerra ruso-japonesa, ver: “La caída de Port Arthur” (14/1/1905) , “El capital europeo y la autocracia” (5/4/1905), “La debacle” (9/6/1905), todos ellos en el Tomo 9 de las Obras Completas de Lenin.

[7] Alan Woods, Bolchevismo. El camino a la revolución, Fund. F. Engels, Madrid, 2003, p. 192.

[8] O, como dice Lenin, que existían tres tipos distintos de países imperialistas, “entre ellos, un país, el más atrasado desde el punto de vista económico (Rusia), en el cual el imperialismo capitalista moderno se halla envuelto, por así decirlo, en una red particularmente densa de relaciones precapitalistas”. El imperialismo. Fase superior del capitalismo. Ed en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1975, pp. 102-103.

[9] La cita en cuestión del “ignorante” Trotsky de la que habla Harari dice: “…Fossa:¿Qué me puede decir sobre la lucha de liberación de los pueblos latinoamericanos y sus futuros problemas? ¿Cuál es su opinión sobre el aprismo?
Trotsky: No conozco suficientemente la situación de cada uno de los países latinoamericanos como para permitirme una respuesta concreta a las cuestiones que usted plantea. De todos modos me parece claro que las tareas internas de estos países no se pueden resolver sin una lucha revolucionaria simultánea contra el imperialismo. Los agentes de Estados Unidos, Inglaterra, Francia (Lewis, Jouhaux, Toledano, los stalinistas) tratan de sustituir la lucha contra el imperialismo por la lucha contra el fascismo. En el último congreso contra la guerra y el fascismo fuimos testigos de sus criminales esfuerzos en este sentido. En los países latinoamericanos los agentes del imperialismo “democrático” son especialmente peligrosos, pues tienen más posibilidades de engañar a las masas que los agentes descubiertos de los bandidos fascistas. Tomemos el ejemplo más simple y obvio. En Brasil reina actualmente un régimen semifascista al que cualquier revolucionario sólo puede considerar con odio. Supongamos, empero, que el día de mañana Inglaterra entra en un conflicto militar con Brasil. ¿De qué lado se ubicará la clase obrera en este conflicto? En este caso, yo personalmente estaría junto al Brasil “fascista” contra la “democrática” Gran Bretaña. ¿Por qué? Porque no se trataría de un conflicto entre la democracia y el fascismo. Si Inglaterra ganara, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y ataría al Brasil con dobles cadenas. Si por el contrario saliera triunfante Brasil, la conciencia nacional y democrática de este país cobraría un poderoso impulso que llevaría al derrocamiento de la dictadura de Vargas. Al mismo tiempo, la derrota de Inglaterra asestaría un buen golpe al imperialismo británico y daría un impulso al movimiento revolucionario del proletariado inglés. Realmente, hay que ser muy cabeza hueca para reducir los antagonismos y conflictos militares mundiales a la lucha entre fascismo y democracia. ¡Hay que saber descubrir a todos los explotadores, esclavistas y ladrones bajo las máscaras con que se ocultan! En todos los países latinoamericanos los problemas de la revolución agraria están indisolublemente ligados a la lucha antimperialista…”La lucha antiimperialista es la clave de la liberación” , en León Trotsky, Escritos Latinoamericanos (3° ed. Corregida y aumentada), Buenos Aires, Ed. IPS-CEIP, 2007. Próximamente se publicará una 4° edición.

[10] Las posturas del PST y de PO también se pueden consultar en la web del CEIP, www.ceip.org.ar , en el Boletín Nº 1 (Abril 2003). Guerras de opresión, guerras de liberación. Parte 1”, bajo la sección “Boletines temáticos”. La posición del PST está en “La guerra de las Malvinas. En la primera fila del combate contra el imperialismo inglés” y la de PO en “Malvinas: para luchar contra el imperialismo, ningún apoyo a la dictadura

[11] Ver, por ejemplo, León Trotsky, “Sobre las tesis sudafricanas(1935),

[12] Karl Radek, dirigente bolchevique que viajó con Lenin en ese tren, cuenta en 1924: “Los alemanes esperaban que en Rusia los bolcheviques actuarían como opositores a la guerra y declararon su acuerdo con nuestras condiciones. Recomiendo a aquellos señores que todavía protestan escandalizados contra los bolcheviques alrededor de este asunto, que lean las memorias de Ludendorff, quien todavía se está rasgando las vestiduras porque finalmente ha comprendido que, al dejar pasar a los bolcheviques, no estaba prestando un servicio al imperialismo alemán, sino a la revolución mundial.Karl Radek,“Through Germany in the Sealed Coach(1924)

[13] “Supongamos que mañana estalla una rebelión en la colonia francesa de Argelia bajo la bandera de la independencia nacional y que el gobierno italiano, motivado por sus propios intereses imperialistas, se prepara para enviarle armas a los rebeldes. ¿Cuál debe ser la actitud de los obreros italianos en este caso? Intencionalmente he tomado un ejemplo de rebelión contra un imperialismo democrático con la intervención a favor de los rebeldes de un imperialismo fascista. ¿Deben los obreros italianos evitar el envío de armas a los argelinos? Dejemos que los ultraizquierdistas se atrevan a contestar afirmativamente esta pregunta. Cualquier revolucionario, junto con los obreros italianos y los rebeldes argelinos, repudiarían tal respuesta con indignación. Aunque al mismo tiempo estallase una huelga general marítima en la Italia fascista, los huelguistas deberían hacer una excepción en favor de aquellos barcos que llevasen ayuda a los esclavos coloniales en rebelión; de otra forma no serían sino viles sindicalistas, no revolucionarios proletarios (…) Sin embargo, ¿no significa este que los obreros italianos moderan su lucha, en este caso, contra el régimen fascista? Ni en lo más mínimo. El fascismo presta “ayuda” a los argelinos tan sólo para debilitar a su enemigo, Francia, y extender su mano rapaz sobre sus colonias. Los obreros revolucionarios italianos no olvidan esto en ningún momento. Hacen un llamado a los argelinos para que no confíen en su “aliado” traicionero y, al mismo tiempo continúan su propia lucha irreconciliable contra el fascismo, “el principal enemigo en su propio país”. Sólo en esta forma pueden obtener la confianza de los rebeldes, ayudar a la rebelión y fortalecer su propia posición revolucionaria.León Trotsky, “Aprendan a pensar. Una sugerencia amistosa a ciertos ultraizquierdistas (1938)

[14] Isaac Deutscher, El profeta desarmado. Trotsky, 1921-1929.  Cap. 1, “El poder y el sueño” y Edward Hallet Carr, La revolución bolchevique, 1917-1923, Volumen 3, caps. 28 y 29.

[15] “Es por eso que no nos dejamos embaucar y bajo las formas de gobiernos y regímenes sabemos buscar el contenido de clase de esos fenómenos. Sin brindar el más mínimo apoyo político ni a la dictadura ni siquiera a esta medida antibritánica, que inevitablemente va a traicionar, en el conflicto militar entre el ”democrático” imperialismo inglés y el ultrarreaccionario gobierno de una nación oprimida, sin vacilar ni por un minuto, combatiremos y llamaremos a la clase obrera y los pueblos oprimidos de todo el mundo a combatir en el campo militar de la dictadura argentina.”  La guerra de Malvinas, en la primera fila de combate contra el imperialismo inglés, (1982) www.ceip.org.ar Boletín temático N° 1 (2003), Guerras de opresión, guerras de liberación, parte 1, Textos on-line. Negritas nuestras.

[16] Para no extendernos en la polémica, hay un trabajo muy desarrollado y específico sobre el significado de la fórmula de “derrotismo revolucionario” (En una guerra, la derrota militar de mi propio país imperialista es un mal menor, ya que hay que continuar la lucha de clases aún en tiempos de guerra), recomendamos leer el artículo de Jean-Paul Joubert,”El derrotismo revolucionario, en www.ceip.org.ar Boletín temático N° 1 (2003), Guerras de opresión, guerras de liberación, parte 1, selección de artículos de “Guerra y revolución”.

[17] Rudolf Klement, uno de los principales dirigentes trotskistas en la década del ’30, asesinado por el estalinismo en las vísperas de la fundación de la Cuarta Internacional, escribía: “Sólo cuando la lucha es imperialista en un solo bando, y es una guerra de liberación de naciones no imperialistas, o de un país socialista contra la amenaza de la opresión imperialista –o la opresión real- en el otro bando, así como en las guerras civiles entre las clases o entre la democracia y el fascismo; el proletariado internacional no puede y no debe aplicar la misma táctica hacia los dos bandos. Reconociendo el carácter progresivo de esta guerra de liberación, éste debe luchar decisivamente contra el enemigo principal, el imperialismo reaccionario (o bien contra el campo reaccionario, en el caso de una guerra civil), esto es, debe pelear por la victoria de los (política) o socialmente oprimidos, o que están a punto de ser oprimidos: la URSS, los países coloniales y semi-coloniales como Abisinia o China, o la España republicana, etc. Aquí también, no obstante, éste tiene viva conciencia de su oposición irreconciliable de clase hacia su “propia” burguesía -o su oposición política a la burocracia soviética- y no entrega sin resistencia ninguna de sus posiciones independientes. Como en los países imperialistas, éste pugna con todas sus fuerzas por la revolución social y la toma del poder, el establecimiento de su dictadura, sólo la cual, además, hace posible una victoria segura y duradera sobre los imperialistas. Pero en tales casos, éste no puede –y de hecho no busca- como en el campo imperialista, la victoria revolucionaria a costa de una derrota militar, sino más bien en la perspectiva de la victoria militar de su país.”, Principios y tácticas en la guerra” (1937), en León Trotsky y otros, Guerra y revolución. Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial. Tomo 1, Ed. CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2004, pp.190-191.

[18] Ver, por ejemplo, la declaración de su principal dirigente, hoy fallecido, en 1982: Ted Grant, The Falklands Crisis – A Socialist Answer 

[19] Aquí Harari se refiere a un artículo reciente de nuestro periódico La Verdad Obrera, Ruth Werner, “La posición de los revolucionarios frente a la guerra de Malvinas

[20] Recomendamos, para profundizar en este tema, polemizando entre otras con la visión de la corriente morenista, Laura Lif y Juan Chingo, “Transiciones a la democracia. Un instrumento del imperialismo norteamericano para administrar el declive de su hegemonía”, Estrategia Internacional N° 16, 2000.

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Contra la persecución y el despido de delegados del Sindicato de Químicos en Gleba La Plata

(La Plata, 13-01) En el día de ayer se realizó un corte de ruta en las puertas de la fábrica de glifosato Gleba, ubicada en 520 y Ruta 36 del barrio de Melchor Romero de la ciudad de La Plata. De la acción participó una delegación del PTS junto a otras organizaciones políticas y estudiantiles.

Los trabajadores químicos exigen la reincorporación del secretario general del Sindicato de Químicos y Petroquímicos de La Plata, Ariel Valette, despedido de la fábrica Gleba el pasado 3 de enero por denunciar a la patronal y organizar a los trabajadores contra la situación de precarización y las altas condiciones de insalubridad a las que se ven sometidos diariamente.

La fábrica Gleba produce y comercializa productos para cultivos y jardín altamente tóxicos. Entre ellos el Glifosato, un herbicida desarrollado para la eliminación de hierbas y de arbustos que se utiliza en cantidad para preservar los cultivos de soja. Este veneno causa graves alteraciones en la piel y los pulmones de los trabajadores al mismo tiempo que contamina el medio ambiente y a la población, ya que la fábrica vuelca sus residuos a los arroyos de la zona.

Durante el período 2010-2011 la cosecha de soja batió records, transformando a la provincia de Buenos Aires en la primera productora del país, permitiéndole ganancias millonarias a los terratenientes, los dueños de los pooles de siembra y las empresas de químicos. Mientras el gobierno nacional y el provincial defienden los intereses agropecuarios junto con los de los empresarios de las grandes industrias, los trabajadores de la provincia sufren los contratos precarios, las malas condiciones de trabajo, las persecuciones y los despidos.

A nivel nacional el gobierno de CFK viene destacándose por los ataques en varias provincias a los trabajadores estatales. En santa Cruz se intentaron aplicar proyectos de ajuste durísimos contra estatales, municipales y jubilados quiénes, a pesar de la represión sufrida, lograron un primer triunfo que obligó al gobierno a postergar hasta marzo la aprobación de las medidas anti obreras de la “Ley de Emergencia”.

En sintonía con el ataque a los estatales, el gobierno nacional y Macri llegaron a un acuerdo en Capital Federal para mantener las ganancias millonarias de la patronal de los Roggio (monopolio concesionario del Subte) a costa del bolsillo de millones de usuarios. Los trabajadores del Subte inmediatamente rechazaron el aumento del boleto, organizando asambleas para votar medidas de lucha, como la apertura de los molinetes hasta que se retroceda con el tarifazo. Ambos ejemplos de resistencia y organización son muestras del camino que los trabajadores tenemos que seguir para poder enfrentar los próximos ataques del gobierno nacional.

Desde el PTS venimos desarrollando una intensa campaña contra los procesamientos, desafueros, persecuciones y despidos que las patronales vienen llevando adelante contra el sindicalismo de base, al mismo tiempo que denunciamos el intento del gobierno de CFK de criminalizar las luchas por medio de la denominada “Ley Antiterrorista”.

Partido de los Trabajadores Socialistas
en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores

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A 93 años de la Semana Trágica. El primer ensayo revolucionario

Hermes Lorenzo

El post enviado por el amigo Kito me hizo recordar que en estos días, más exactamente el 9 de enero pasado, se cumplieron 93 años de la Semana Trágica.

La llamada Semana Trágica de enero de 1919 fue uno de los episodios más importantes de la lucha de clases en nuestro país y el primer ensayo revolucionario de la clase obrera argentina. La misma se inscribió  dentro de la oleada de luchas que abarca los años 1917-1922, y que a su vez fue parte de la oleada revolucionaria abierta con la revolución rusa. Los hitos de este ascenso de la lucha de clases son la Semana Trágica (1919), las huelgas de la Forestal (1920-1922) y las huelgas de los peones rurales de la Patagonia (1920-1922).

Hace 93 años, en un enero tan sofocante como el actual, los obreros de la metalúrgica Vasena , instalada en el barrio porteño de San Cristóbal,  se sublevaron contra la terrible explotación patronal
Por entonces, los obreros de Vasena ya llevaban un mes en huelga. Esta empresa era una de las más importantes del país, la parte principal del paquete accionario estaba en manos del capital británico que se había asociado con Pedro Vasena a principios de la segunda década de este siglo. Empleaba unas dos mil quinientas personas, entre obreros y empleados. Los huelguistas exigían la reducción de la jornada de trabajo de 11 a 8 horas, aumentos escalonados de jornales, el descanso dominical y la reposición de los delegados obreros echados por la empresa al iniciarse el conflicto.

La empresa se mantenía funcionando a pesar del paro, con un pequeño sector de obreros que no adhería a la huelga y con rompehuelgas contratados especialmente por la Asociación del Trabajo[1]. Los obreros, fuera de la planta, rodeándola, veían pasar las camionetas con los rompehuelgas, custodiados por la policía.
El 7 de enero, cuando una de las camionetas se acerca a las instalaciones, un grupo de trabajadores intenta detenerlos y junto con mujeres y niños persiguen las chatas gritando “¡carneros!”. Lanzan palos y piedras a las camionetas que no se detienen. La policía sale en su defensa y de forma inesperada inicia una descarga sobre los huelguistas y sus familias. Así lo relata al día siguiente el corresponsal del diario La Razón:
“Según la versión que hemos recogido de personas respetables del barrio, el primer hecho se produjo en la forma siguiente: cuando pasaban las chatas con el personal de Vasena, un grupo de huelguistas, poco numeroso, les gritó: ‘carneros’. Como intervinieran en su favor los vigilantes del escuadrón que custodiaba el convoy, los huelguistas los llamaron ‘cosacos’, en cuyas circunstancias los agentes hicieron fuego. Otra versión asegura que los huelguistas trataron de impedir por la fuerza el paso de los carros, llegando a hacer fuego contra sus conductores. Entonces, la policía repelió la agresión.”

Cientos de heridos graves y varios muertos son el saldo de ese primer enfrentamiento, que dura algunas horas. “Dada la confusión que reinaba en todo Puente Alsina, fue imposible establecer cuántas víctimas resultaron de los tiroteos. Los muertos permanecieron en la vía pública durante horas enteras.

El menor Juan Fiorini, de 15 años de edad, que trabajaba en una fábrica de tejidos, fue muerto de un balazo. Un agente del escuadrón mató a Toribio Barrera desde el caballo, rompiéndole la cabeza, en momentos en que huía, procurando justificar que no era trabajador de los talleres. En el hospital Rawson se asiste a 13 personas heridas, de las cuales dos son mujeres. Además, resultó herido un oficial del escuadrón de seguridad y dos guardias.”[2]

La represión contra las familias obreras en el corazón del barrio de Pompeya genera una gran indignación. “Comerciantes y personas de familia aseguran que se hacía fuego no contra los huelguistas, sino contra las casas del barrio, y contra los transeúntes. Una prueba de ello es que la mayor parte de las víctimas no pertenece al personal de los talleres Vasena. Hay mujeres y niños heridos, obreros tejedores que viven en el barrio, personas, en fin, que nada tienen que ver con el trabajo metalúrgico.Los disparos se hacían por elevación, a puro cálculo, con el consiguiente peligro para los ocupantes de las casas ubicadas cerca del sitio en que se habían parapetado los huelguistas. Como en el barrio casi todas las construcciones son de madera, no era posible adoptar precauciones contra las descargas de los bomberos pues los proyectiles de máuser atravesaban las paredes y los muebles.”[3]

La Sociedad de Resistencia Metalúrgica responde inmediatamente con la huelga en todo el gremio. Los obreros marítimos, que se hallaban en huelga previamente, realizan una asamblea donde tratan como primer punto los hechos ocurridos en los talleres, y como acción de solidaridad aprueban el boicot para la empresa Vasena. Al caer la noche, y durante el día 8 miles de obreros concurren a los locales gremiales. Se realizan asambleas y reuniones en empresas y talleres en toda la ciudad. Los trabajadores están dispuestos a salir a la huelga. La huelga general ya ha comenzado.

“La ciudad permanece silenciosa. Las fábricas cerradas. Los negocios, bajo llave, con sus persianas de metal bajas. No se ven los carros pesados, ni los carritos livianos ni los automóviles, que deben haberse escondido en alguna parte. Los tranvías corren de regreso a sus estaciones. En algunos lugares se puede oír el estrépito de las vitrinas despedazadas que se han hecho añicos. (…) por aquí y por allá pasa como flotando una improvisada manifestación con pañuelos rojos atados a bastones de mano o a ramitas recién arrancadas de los árboles callejeros. Flotan en el aire estofas aisladas de cantos revolucionarios de lemas gritados a viva voz en la ardiente tarde de enero”[4]

El día 9 de enero el diario La Razón titula: “LA CIUDAD BAJO EL IMPERIO DE LA HUELGA GENERAL”. Durante la mañana se voltean tranvías y se tiran abajo los cables de electricidad. Piquetes obreros recorren talleres y comercios. Si alguno dudaba, termina adhiriendo a la huelga. El comercio se paraliza. Se multiplican actos espontáneos en diferentes barrios y en  la zona de Avellaneda.
“El paro general había logrado una magnitud extraordinaria. Si bien no existen datos precisos sobre porcentaje de huelguistas en relación a la población ocupada en la industria, el comercio y los servicios, los documentos de la época permiten afirmar que casi la totalidad de los obreros de la Capital se plegaron al paro y que la cifra de empleados privados fue también muy elevada. Toda la prensa recalcaba este hecho en sus columnas del día 10”[5]

Distintos  integrantes de la patronal organizados en la Asociación del Trabajo, se ofrecen para mediar en el conflicto. Con este objetivo se presentan en las instalaciones de Vasena donde se reúnen con miembros del directorio y de la FORA IX. Pero ya no podrán salir, porque miles de obreros se suman a las barricadas en los alrededores de la planta. En los techos y puertas del local se ubican matones a sueldo de los capitalistas, armados con fusiles Máuser. La tensión va en aumento.

Pasadas las 2 de la tarde el cortejo fúnebre inicia su marcha hacia el Cementerio de la Chacarita. Informando sobre el sepelio de las víctimas La Razón señala: “El perímetro comprendido entre las calles Boedo, Cochabamba, Entre Ríos y Rivadavia, desde horas antes del paso del cortejo, denotaba en su aspecto, en las muchedumbres que se formaban en las aceras, en los balcones, en las azoteas, puertas y ventanas, a pesar del calor sofocante, un estado de sobreexitación pocas veces visto en tan extenso y populoso barrio metropolitano.”[6]

Una multitud se va sumando al cortejo, encabezado por un grupo de autodefensa con cien obreros armados con revólveres y carabinas.[7] Según relatan los corresponsales de La Vanguardia, al pasar por las cercanías de los talleres Vasena, la columna fue atacada a tiros. A continuación “Estos atropellos obligaron a los huelguistas a usar la violencia. Conseguidos algunos tambores de nafta, atacaron el establecimiento por la calle Cochabamba. Una descarga dejó tendidos dos muertos y numerosos heridos, pero los huelguistas consiguieron su objetivo. Después de volcar la nafta, le prendieron fuego, así como a los depósitos de forrajes. El incendio amenazaba adquirir grandes proporciones, pero fue contenido por los bomberos.”[8]

Cuando la numerosa columna se encuentra sobre calle Corrientes, llegando a la esquina de Yatay se producen nuevos disturbios. Un grupo se había adelantado e ingresado a la Iglesia allí ubicada, armando una fogata. Al llegar los contingentes obreros más numerosos, policías y bomberos que se habían refugiado al interior de la Iglesia comienzan a disparar a la multitud, asesinando a varios de los manifestantes y dejando un tendal de heridos. Se produce un tiroteo, corridas, parte de la columna se dispersa, pero no se detiene en su camino hacia la Chacarita. En el cementerio mismo va a producirse una represión mayor.

Frente a los talleres Vasena, al mismo tiempo, se mantenía expectante una gran concentración obrera, que al recibir las noticias de la masacre de Chacarita estalla en furia. Los huelguistas empiezan a disparar sobre los sitiados y se desata un tiroteo. La policía  se ve claramente desbordada, y pasadas las 19 hs interviene el ejército para desalojar a los huelguistas. Ese día Yrigoyen había nombrado al general Dellepiane, comandante militar de la Capital Federal, poniendo bajo sus órdenes el conjunto de las fuerzas represivas.
La violencia se extiende a varios puntos de la ciudad y continúa durante la noche del 9 al 10 de enero. Pequeñas batallas se suceden en las esquinas, especialmente en el barrio de La Boca, donde grupos de obreros atacan patrullas policiales.

La prensa informa unos 25 muertos cerca de las instalaciones de Vasena, y otros en incidentes durante la noche en otros puntos de la ciudad, en noticias como ésta: “CHOQUE ENTRE UNA PATRULLA Y UN GRUPO DE OBREROS RUSOS”. Según versiones recogidas en el Ministerio de Guerra, del choque resultaron 5 muertos y un herido, todos ellos del grupo de obreros.
Esa misma noche se reúne nuevamente el consejo de la FORA sindicalista (IX Congreso) con la participación de 36 organizaciones gremiales de la Capital. Esta es una reunión muy importante, ya que la FORA IX es mayoritaria en el movimiento obrero de la Capital y está en curso la huelga general. Pero, el Consejo Federal presenta a las delegaciones gremiales las bases sobre las cuales considera se puede dar fin a la huelga general. Estas serían la solución del conflicto de los metalúrgicos en la empresa Vasena, y la libertad de todos los presos por cuestiones obreras, que hayan sido detenidos durante los últimos días.

Esta postura da lugar a un importante debate,  los delegados de la Federación Obrera Ferrocarrilera plantean necesario incorporar al pliego de reclamos las reivindicaciones de su gremio; readmisión de los cesantes con motivo de las huelgas ferroviarias recientes, cumplimiento del reglamento de trabajo, sanción de la ley de jubilaciones y reglamento de trabajo, y compromiso de las empresas de no tomar represalias contra los obreros que participan del movimiento. Los delegados de los obreros del calzado se suman a la iniciativa, planteando otros reclamos para sumar a un pliego unitario de la huelga general: la reincorporación de los municipales telegrafistas y empleados postales despedidos a raíz de sus respectivas huelgas fracasadas, la jornada legal de 8 horas, derogación de las leyes social y de residencia, abaratamiento de la vida.

El Consejo Federal de la FORA IX busca limitar la huelga a objetivos parciales como el triunfo de los obreros de Vasena y la libertad de los presos recientes, negándose a extender el pliego de reclamos al conjunto de los trabajadores, que ya estaban llevando adelante la huelga general. Incorporar el reclamo de las 8 horas, la reincorporación de todos los despedidos en huelgas anteriores, y planteos más amplios como el abaratamiento de la vida podría haberle dado una mayor dirección y fuerza a la huelga general en curso. Pero este no era el objetivo de la FORA IX, que por el contrario está interesada en llegar a una rápida resolución.

Por su parte, los anarquistas de la FORA Vº Congreso desplegaron una enorme combatividad. Sin embargo, su llamado a la huelga general revolucionaria carecía de una orientación concreta contra el gobierno o el poder establecido. Tampoco levantaron una política para unir a todos los sectores obreros en lucha, ni a la clase trabajadora con el pueblo pobre en organizaciones comunes.
La radicalización obrera, al carecer de una dirección capaz de levantar una política a la altura de las circunstancias, arrojó que los hechos fueran desarrollándose de manera caótica, sin ideas ni objetivos claros. Se necesitaba un partido revolucionario experimentado y con autoridad, que orientara la huelga general contra el poder político e impulsara organismos de autodeterminación de las masas. Una política hacia los sindicatos para que éstos impulsaran la creación de organismos más amplios (como los soviets o consejos obreros), única forma de agrupar a todos los sectores en lucha y preparar la autodefensa generalizada. La espontaneidad de las masas no alcanzó a crearlos, pero lo cierto es que existía una tendencia a la unificación que incluía también a los sectores medios empobrecidos.

A su vez, los grandes gremios enrolados en la FORA IX Congreso, cumplirán un rol auxiliar del Estado burgués y así los sindicalistas terminaron traicionando una de las más grandes gestas de la clase obrera argentina.
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[1] La Asociación del trabajo era una organización capitalista que se encargaba de contratar rompehuelgas y llevarlos a las fábricas cuando los trabajadores estaban en lucha. La Asociación estaba integrada por la Bolsa de Comercio, Sociedad Rural Argentina, Centro de exportadores de cereales, Centro de importadores y anexos, Centro de Navegación Transatlántica, Centro de Cabotaje Argentino, Compañías Importadoras de carbón, Cámara Gremial de Molineros, Centro de Propietarios de Carros, Centro de Barranqueros y Frutos del País, Cámara Gremial de Cereales, compañías de los ferrocarriles Central Argentino, del Sud, del Oeste, del Pacífico, y otros gremios patronales. Su presidente, Pedro Christophersen, presidente de la bolsa de Comercio, y su impulsor principal Joaquín Anchorena, a su vez figura central de la Sociedad Rural.
[2] La Razón, 7 enero de 1919, 5ta Edición
[3] La Razón, 8 enero de 1919, 4ta Edición
[4] Pinie Wald, Pesadilla, Una novela de la semana trágica, Ameghino Editora, 1998, Buenos Aires
[5] Julio Godio, La Semana Trágica de 1919, Hyspamerica Ediciones Argentina, Buenos Aires, 1985
[6] La Razón, 9 de enero de 1919, 5ta Edición
[7] Julio Godio.
[8] La Vanguardia, 10 de enero de 1919

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Debate con los cros del FPDS: sobre balance y nuevas tareas del movimiento estudiantil

Laura Champeau (1), Mariana Barbero (2), José Domenech (3).

Hace algunas semanas leímos el artículo de los compañeros  de la COPA “2001-2011: Continuidades y rupturas en una década del movimiento estudiantil argentino” donde desarrollan una cronología de los procesos y modificaciones del escenario estudiantil argentino de los últimos años. Nos interesaba apuntar algunas reflexiones para iniciar un debate con los compañeros alrededor del balance de las últimas experiencias de lucha y organización del movimiento estudiantil  de cara las tareas que nos esperan. El año termina con un gobierno fortalecido luego de haber sacado el 54% de votos en las últimas elecciones nacionales y sobre esta montaña de votos  ha comenzado a atacar a los trabajadores acusándolos de “extorsionadores” ante cada reclamo gremial, pretende imponer un techo a las próximas paritarias por debajo de la inflación, mantiene más de 4000 procesados por luchar con causas de verdadero espionaje como la que afecta a los trabajadores de Kraft, votó la Ley antiterrorista para endurecer la persecución y judicialización de la protesta social y preparar ajustes como el intento que vimos en estos  días en Santa Cruz…

Desde este escenario nos parece muy importante discutir como preparamos al movimiento estudiantil para enfrentar los ataques de un gobierno que ha girado decididamente a la derecha y buscará atacar a los sectores combativos. Además, nuestro país no será ajeno a las consecuencias de la crisis internacional que ya ha despertado una “primavera” de los pueblos en todo el mundo con movilizaciones y hasta procesos revolucionarios abiertos como en Egipto…Vibramos al calor de la llegada de una nueva época, donde los aires de cambio y revolución están presentes y nos sentimos responsables de poder forjar una juventud que responda a las tareas que estarán planteadas para enfrentar a los gobiernos que aplican ajustes e intentan descargar la crisis sobre el pueblo y proponer una estrategia para el cambio revolucionario de esta sociedad.

Ahora, vayamos al debate…

La Universidad como terreno de disputa.

Los compañeros en su artículo plantean  la construcción de alianzas con sectores ligados a partidos patronales con, por ejemplo, el PS en Rosario para abrir una disputa institucional al interior de la Universidad…mientras consideran el principal error en la izquierda partidaria el no dar debates ni luchas políticas e ideológicas. Coincidimos en que la universidad es un terreno de disputa, ya que es una institución estatal desde donde se forman los principales cuadros y dirigentes de la burguesía. Sin ir más lejos de allí han egresado varios ministros y funcionarios de primer orden del actual gobierno kirchnerista.

Por eso, nosotros le damos un lugar muy importante en nuestra militancia cotidiana a la batalla de ideas, al debate en las cursadas, a nuestra formación. Sino no se explica que seamos la única fuerza de la izquierda que ha desarrollado una corriente de intelectuales y artistas, como el IPS, el CEIP LT, Contraimagen. Desde ahí organizamos durante todos estos años la Cátedra Libre Karl Marx, pusimos en pie foros de debate desde los Centros como el que realizamos en Bellas Artes en el 2008, revistas de  discusión teórico políticas como la del CEFYL. Todo este trabajo hoy ha pegado un salto con el desarrollo de la Asamblea de Intelectuales en Apoyo al FIT que reúne a más de 500 intelectuales, docentes y artista, generando espacios de debate y discusión contra el resto de las grandes corrientes que hoy están en disputa en la Universidad  como Carta Abierta.

Pero para nosotros, entender la Universidad como terreno de disputa no es  ver en cuantos espacios podemos avanzar integrando un régimen universitario feudal donde una casta de profesores deciden por sobre la inmensa mayoría de estudiantes y trabajadores que tienen una representación marginal en los espacios de gobierno, participando de votaciones de Decanos o votándolos , como en Psicología de Rosario, sino más bien trasformarlo por completo. Luchamos por construir una institución que esté al servicio de las necesidades sociales, multiplicando los ejemplos como el pacto obrero-universitario realizado despues del 2001 entre la Universidad del Comahue y la fábrica Zanon bajo control obrero para lograr una producción para la comunidad de Neuquén. Para llegar a eso es necesaria la mayoría estudiantil en los órganos de gobierno, donde los estudiantes decidamos, junto con los docentes y no docentes, hacia donde ir. Un ejemplo de esto y que también podría multiplicarse es el proceso encabezado por la izquierda partidaria en el 2002 donde los estudiantes  de la carrera de Sociología de la UBA eligieron mediante su voto al dirigente trotskista Christian Castillo como director de la carrera.

Así, la disputa por transformar la universidad expresa posiciones y estrategias políticas diferentes que se han puesto de manifiesto en las últimas experiencias de lucha del movimiento estudiantil. Creemos que desde acá es necesario desprender un balance.

Los Balances, su importancia y su significado (más aun si uno es Dirección)

Los balances son algo importante para quienes nos proponemos organizar al movimiento estudiantil para las batallas por venir. Sacar las mejores lecciones de las luchas que tuvimos nos sirve para aprender y en las próximas no cometer los mismos errores…el problema esta cuando uno lucha y no saca las lecciones de lo que hizo mal, mas aun si uno se jacta de ser dirección de varias organizaciones del movimiento estudiantil como la FUBA, la FULP, la FUR, etc.

Los años de conquistas estudiantiles para los compañer@s no se cerró y las autoridades están en bondadosas entregando cosas a los estudiantes, el ABC sería un sueño hecho realidad y ahora por lo que nos quedaría pelear es por el Boleto Nacional…Esto sí que es una gran novedad, porque la nota lamentablemente se cierne a no ver los hechos, cosa grave si uno habla de balances.  El gran triunfo que significo la apertura del comedor universitario se diluye con su aumento a 4 pesos y ahora atada a los vaivenes de la ascendente inflación. El Albergue esta manejado por lo más rancio de los principales Gobernadores de la Provincia, y si bien este año en la UNLP se conquistó el Boleto Universitario, fue completamente limitado ya que está restringido a algunas líneas y cuesta igual que el boleto mínimo mientras el boleto secundario es de 10 centavos. Pero nos parece que lo central está en el balance sobre el último proceso de lucha por la democratización en la universidad, que los compañeros plantean que se cerró con la reforma de los estatutos, haciendo un balance positivo sobre pequeñas reformas que fueron la gran maniobra de las autoridades para desmontar el proceso de movilización que se nacionalizaba por cambios profundos en los sistemas de gobierno. Qué rol jugaron como dirección de la FULP entrando a discutir con las autoridades pequeñas reformas que no cambiaron cualitativamente el poder de decisión que tenemos los estudiantes y los trabajadores de la universidad  a cambio de desmovilizar a los estudiantes? Para nosotros fue un enorme error, pero para ellos se inscribe en su estrategia de transformar desde adentro la universidad…legitimando espacios de “debate” con los decanos que apoyaron la LES y se eligieron con cientos de policías y de manera fraudulenta escapando a las movilizaciones y el debate estudiantil!!!!

Ahora bien, ¿por que los compañer@s terminan llamándose al silencio o directamente truncando los hechos sobre los avances y retrocesos del movimiento estudiantil de los últimos 4 años? La respuesta es obvia, porque decirlo todo les significaría tener que hacerse cargo de lo que les corresponde como dirección de las principales Federaciones y Centros en estos años.  Esto nos lleva a discutir el crecimiento de la Izquierda Independiente en las Universidades con la conquista de varios gremios estudiantiles.

La recuperación de los Centros y Federaciones de manos de la Franja Morada no significo un cambio de 180º. Tanto la FUBA, como la FULP (como principales expresiones) no cambiaron sustancialmente la forma en que organizaban al moviendo estudiantil, hoy no son espacios llenos de participación y que nucleen en las marchas bajo su bandera a cientos de estudiantes,  o grandes espacios de organización democrática donde se reúna un sector al menos del activismo universitario. Más bien lo que más se ha desarrollado en estos años es el arte de administrar buffets y fotocopiadoras y el de la rosca interagrupacional, para armar frentes electorales  en función de ver que cargos o “espacios” sacan. Ejemplos: La Mella va con la UJS en la UBA, pero en La Plata la COPA privilegia frentes con la CEPA, en Rosario prefiere al MNR y así podemos seguir. Qué clase de acuerdo político sustancial  puede haber entre corrientes que van desde el maoismo, pasando por el trotskismo, llegando al literal reformismo-binnerismo, nadie lo sabe…Es hasta el final el pelotero de la política para conseguir espacios institucionales para una supuesta disputa “desde adentro” en la universidad.

La juventud del PTS, sin hacer acuerdos oportunistas ni moderando sus reclamos y acciones ante las autoridades, ha jugado un rol destacado y creciente en las principales luchas del movimiento estudiantil argentino desde los años ´90. Impulsando la realización del encuentro nacional de estudiantes del ´95 en Córdoba, las interfacultades del ´99,  y del 2005 contra la Ley de Educación Superior, la asamblea interfacultades en la toma de Medicina el 2010 en La Plata y las masivas inter-estudiantiles que se lograron para que triunfaran los reclamos de los estudiantes de Capital Federal, que en el 2010 tomaron facultades y colegios. Además hemos sentado nuevas experiencias de conducción en los centros de Sociales y Filosifía y Letras de la UBA, Bellas Artes de la Plata y el Cehum de Bahía Blanca, democratizando la gestión de los servicios, poniendo en pie asambleas y cuerpos de delegados, desarrollando debates, estando ante cada lucha del movimiento obrero y manteniendo una total independencia política de las autoridades, el gobierno y la oposición patronal. El debate tiene que ver con que centros y federaciones necesitamos para poder disputar verdaderamente la universidad y transformarla radicalmente.

El estado es también un terreno de disputa???

Los compañer@s del FPDS nos critican que vamos a la universidad sólo para organizar estudiantes que luego se “vayan” al movimiento obrero. Más allá de que ellos también realizan actividades en barrios con compañeros de la universidad, nos parece que desde acá se desprende otro debate sobre las perspectivas de lucha de cara al poder estatal. Creemos que la política del FPDS de unir su militancia en barrios, universidades, cárceles, movimientos indigenistas y culturales en función de crear poder popular para disputar al estado determinadas áreas de influencia, e incluso supliendo al estado frente a la miseria en los barrios con  comedores y alfabetización es impotente frente a los desafíos que nos esperan a todos aquellos que queremos transformar esta sociedad. Como se demostró durante la toma del Parque Indoamericano, donde el FPDS apostó a la mesa de negociación donde el gobierno hizo falsas promesas y no pudo contrarrestar la influencia de los punteros kirchneristas, que llevaron la lucha a la derrota.

Estamos convencidos que no será disputando dentro de este Estado como se podrán solucionar los profundos problemas de las masas populares, sino unificando sus luchas alrededor del poder de los trabajadores que hacen funcionar el país.
Ir día a día a las puertas de las principales empresas, para ayudar a organizar el sindicalismo de izquierda y a multiplicar la fuerza de la corriente político-sindical Nuestra Lucha es un orgullo para la juventud del PTS y queremos que la tomen en sus manos miles de estudiantes. Además, efectivamente es necesaria una sólida unidad obrero-estudiantil ¿Qué hubiese sido de Zanon sin la resistencia de los estudiantes del COMAHUE y la población del Alto Valle frente a cada desalojo? ¿Se hubiera vuelto un conflicto “social” y “nacional” el de los trabajadores de Kraft sin los estudiantes cortando las calles de Capital Federal y sin los barrios cortando los puentes que conectan las principales ciudades? Estos ejemplos , son símbolos que muestran una idea estratégica enorme, que es que en la Argentina no habrá revolución, ni cambio social, sin poner en pie una alianza de clase entre los trabajadores (ocupados y desocupados), la juventud universitaria y secundaria y los miles que habitan las principales barriadas del Gran Buenos Aires y el país. La izquierda partidaria y la izquierda independiente tenemos por delante enfrentar en común los ataques y las persecuciones que el gobierno kirchnerista ya está anunciando, atacando si o si el poder de la burocracia sindical, las policías provinciales y de los punteros, las tres patas sobre las que se sostiene su dominación.

1.- Ex-consejera superior estudiantil por la Facultad de Bellas Artes Universidad Nacional de La Plata. Dirigente de la Juventud del PTS.

2.- Militante de la agrupación Tesis XI de la Facultad de Humanidades, UNLP. Dirigente de la Juventud del PTS.

3.- Consejero directivo estudiantil de la Facultad de Bellas Artes, UNLP, Contraimagen-Juventud del PTS.

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Conflicto en ARBA La Plata| ¡Basta de trabajo precario!

Juventud PTS

Hace más de veinte días, decenas de jóvenes trabajadores del Call Center de ARBA en La Plata dijeron “¡basta!”, y se pusieron de pie para reclamar el fin de las pasantías, mantener la continuidad laboral y exigir el pase a planta de todos. Con asambleas resolutivas, votando cada paso en forma democrática y llevando adelante medidas de acción directa como cortes y movilizaciones, los compañeros empezaron a dar pasos en esta pelea.

La mayoría son jóvenes estudiantes avanzados de Derecho y Económicas que entraron a trabajar bajo el régimen de pasantías por un convenio entre las Facultades de la UNLP y ARBA.

La Agencia de Recaudación tributaria de la Provincia de Buenos Aires (ARBA) tiene a jóvenes trabajando como mano de obra barata durante años, como nos decía una compañera recibida de Derecho que hace más de un año está ahí: “hacemos lo mismo que los trabajadores de planta y cobramos la mitad, $1900”. Incluso los pelotean a la hora de renovarles la obra social: “después de dos días de piquete conseguimos la obra social de nuevo, después de estar 3 meses sin ella”.

Luego de estas semanas de paro con movilizaciones semanales al Ministerio de Economía, los compañeros consiguieron un compromiso de incorporar a planta transitoria a doce y recontratar con un convenio miserable a nueve más, entre ellos varias trabajadoras embarazadas, que los compañeros definieron en asamblea privilegiar si se conseguían lugares en planta. Sin embargo, como ellos mismos dicen, esto no significa que se terminó: la perspectiva es “seguir luchando junto con los compañeros que pasen a planta, en medio de las paritarias, yo creo que lo vamos a conseguir”.

ARBA: haz lo que yo digo pero no lo que yo hago
Días atrás ARBA lanzó el operativo “Verano 2012” en Mar del Plata, anunciado con bombos y platillos por su director, Martín Di Bella, para “exigir cuentas claras, buscar a los morosos y luchar contra el trabajo en negro”.

La paradoja: el ente recaudador que está recorriendo la provincia para hacer “cumplir con el deber de ser un buen ciudadano” y la facultad de Derecho que enseña a sus estudiantes a “cumplir con la ley” (en este caso laboral), son los patrones de la precarización de la juventud.

El gobierno de Cristina viene haciendo bandera de los derechos que gozan los trabajadores del Estado. Sin embargo situaciones como ésta hay por miles. Jóvenes precarizados laburando en pasantías miserables en ministerios y despachos. El régimen de pasantías sirve para conseguir -encubierta detrás de un supuesto aprendizaje- mano de obra barata, en donde los jóvenes no aprendemos nada relativo a nuestras carreras u estudios. Los únicos que ganan en este negocio son el gobierno provincial de Scioli y las autoridades de las facultades. Por ejemplo Derecho cobra $400 por cada estudiante que ingresa al ARBA. Por eso hoy se pronuncian en contra de la eliminación de las pasantías, porque les significa perder este “ingresito” extra.

Este año arrancó con recortes de presupuesto en varias provincias del país, como vimos en Santa Cruz y Río Negro. El gobierno está demostrando que no va a dudar en realizar ajustes y golpear a los trabajadores. Luchas como la de los jóvenes de ARBA son un anticipo de lo que se viene. Las paritarias serán un escenario seguro de conflicto para romper los topes salariales. En este marco se hace imprescindible la unidad entre los trabajadores efectivos y los contratados. Para que los planes de ajuste no pasen es necesario la lucha codo a codo.

En este sentido es muy importante el rol de los sindicatos. Hasta ahora ATE viene siendo parte de este conflicto, participando y dando cobertura gremial a las medidas votadas por los trabajadores. Este año que comienza, con tarifazos, ajustes y topes a los aumentos salariales, pone a la orden del día que ATE convoque a un plenario de delegados y activistas de base para definir un plan de lucha por todas las reivindicaciones.

Desde la Juventud del PTS, junto a los compañeros de la Lista Marrón Clasista de estatales, venimos interviniendo activamente en el conflicto llevando nuestra solidaridad y participando en todas las medidas de lucha. Si hay algo que los jóvenes trabajadores entienden es que “nadie nos va regalar nada, y que todo se consigue con la lucha”. Es necesario seguir llenando de solidaridad el conflicto. Sindicatos, Comisiones Internas y organizaciones estudiantiles como los centros de estudiantes y la Federación Universitaria de La Plata (FULP) tienen que brindar su apoyo para que los trabajadores de ARBA triunfen.

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